El primer cuatrimestre de 2026 ha dejado un balance agridulce para los tamberos uruguayos. Por un lado, la facturación bruta por remisión a planta alcanzará los US$ 272 millones, la cifra más alta en los últimos siete años. Este crecimiento del 10% interanual se explica fundamentalmente por un salto productivo: la remisión totalizaría unos 640 millones de litros entre enero y abril (+9,8% respecto a 2025).
A pesar de que el precio en dólares se ha mantenido estable en torno a los US$ 0,42 por litro, el alivio financiero es solo superficial. Según el Inale, la “caja efectiva” que llega al bolsillo del productor se ve erosionada por dos factores críticos:
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Poder de compra a la baja: El índice cayó un 9% frente a marzo del año pasado. Esto significa que, aunque el productor recibe más dinero, ese dinero compra menos insumos que antes.
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Aumento de costos: Mientras el precio de la leche cayó un 4% en pesos, el índice de costos subió un 5,5%, impulsado por la canasta de servicios e insumos.
El informe destaca que este récord de facturación incluye la producción de Estancias del Lago (que representa el 12% del total nacional), lo que matiza el impacto real en el universo de los productores familiares y medianos.
Uruguay presenta hoy la “paradoja del volumen”: las vacas están produciendo más y la tecnología está respondiendo, pero la macroeconomía (dólar débil y costos en pesos al alza) está asfixiando el margen neto. Para el productor, facturar más no está significando ganar más. En este contexto de 2026, la eficiencia operativa ya no es una opción, sino la única balsa de salvamento ante un poder de compra que retrocedió a niveles de 2024. La industria deberá monitorear si este estancamiento del poder adquisitivo del tambero no termina frenando la inversión en reservas forrajeras para la segunda mitad del año.
Fuente: Tardaguila
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