Lo que para muchos era un recuerdo de las dietas restrictivas de los años 70 y 80, hoy se ha convertido en el producto estrella de la categoría láctea en 2026.
El queso cottage está experimentando un fenómeno de consumo masivo, impulsado por una nueva generación de consumidores “fit” y creadores de contenido que han redescubierto sus beneficios nutricionales. Con un perfil imbatible —alto contenido proteico, bajo en grasas y gran versatilidad culinaria—, este queso ha pasado de ser un producto marginal a un objeto de deseo en las góndolas de todo el mundo.
El motor de este resurgimiento ha sido la búsqueda de alimentos funcionales. A diferencia de otros quesos procesados, el cottage conserva una textura granulada y un sabor neutro que permite su uso tanto en recetas dulces como saladas, reemplazando incluso a ingredientes como el yogur griego o la ricota. Para las plantas industriales, esta tendencia representa una oportunidad de nicho altamente rentable: el proceso de elaboración es relativamente rápido (comparado con quesos madurados) y permite capturar el valor de la proteína láctea de una forma que el consumidor percibe como “natural” y “saludable”.
La industria láctea argentina y regional tiene ante sí un mercado en expansión. La clave del éxito para las nuevas líneas de producción reside en la innovación del packaging y la segmentación. Ya no basta con el pote familiar; la demanda actual exige versiones individuales, opciones sin lactosa y mezclas con frutas o semillas para el consumo on-the-go. El desafío para este ciclo será escalar la producción manteniendo la frescura y la textura característica, capitalizando un “boom” que promete devolverle al cottage un lugar permanente en la dieta moderna.
Fuente: Clarín Gourmet
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