Ante el diagnóstico de hígado graso no alcohólico —también llamado Enfermedad Hepática Esteatótica Asociada a Disfunción Metabólica (MASLD)—, la alimentación juega un papel esencial en el manejo y mejora de la condición, y una de las preguntas comunes es si el queso puede consumirse de forma segura.
Sí es posible incluir queso en la dieta, siempre que se haga con moderación y se prioricen opciones con bajo contenido de grasa y sodio, ya que la dieta general debe enfocarse en reducir las grasas saturadas que pueden aumentar la acumulación de grasa en el hígado.
Recomendaciones de quesos que pueden incluirse
Los profesionales señalan que estos tipos de queso son más adecuados cuando se tiene hígado graso, por su menor aporte de grasas saturadas y, en algunos casos, alto contenido de proteínas:
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Quesos frescos bajos en grasa (menos materia grasa).
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Requesón o ricotta ligera, con menor contenido graso.
Queso cottage, rico en proteína y bajo en grasa.
Quesos batidos 0 % de grasa, si no contienen grasas añadidas.
Algunas versiones de queso de cabra o queso con baja grasa, adecuadas en porciones moderadas.
Por el contrario, los especialistas recomiendan limitar o evitar variedades con alto contenido de grasa y sal, que pueden ejercer mayor presión sobre el hígado e interferir con los objetivos de control de peso y mejora metabólica que suelen acompañar el tratamiento de esteatosis hepática. Entre ellos se encuentran quesos:
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Curados y semicurados (como Gouda, Parmesano o Grana Padano).
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Quesos azules (Roquefort, Gorgonzola y similares).
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Quesos untables muy grasos o con alto contenido de sodio.
Consejos generales para el hígado graso
Los especialistas también resaltan que el manejo del hígado graso no debe depender solo del tipo de queso, sino del patrón dietario global.
Se suele recomendar una dieta equilibrada como la mediterránea, rica en frutas, verduras, proteínas magras, granos integrales y grasas saludables (como aceite de oliva), y evitar alcohol, azúcares añadidos y alimentos ultraprocesados.
Además, investigaciones sugieren que productos lácteos bajos en grasa pueden formar parte de una alimentación saludable para el hígado si se consumen con moderación, aportando proteína de calidad y calcio sin excesiva grasa saturada que pueda exacerbar la esteatosis.
📎 Fuente: La Nación
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