El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) ha oficializado la prohibición del uso, comercialización y elaboración de la hormona somatotropina bovina recombinante (rBST) en todo el territorio de Argentina. Esta sustancia, utilizada históricamente para forzar un incremento en la producción de leche mediante la estimulación metabólica de las vacas, dejará de formar parte del arsenal tecnológico de los tambos locales. La medida responde a una actualización de las normativas de bienestar animal y salud pública, buscando garantizar que el sistema productivo nacional se mantenga libre de aditivos que generen controversia en los mercados internacionales y en la percepción del consumidor doméstico.
Esta decisión es un movimiento táctico para consolidar la competitividad de las exportaciones lácteas argentinas. Al prohibir la rBST, Argentina se alinea con las exigencias de la Unión Europea, Canadá y otros mercados de alto valor que ya restringen el uso de esta hormona por sus efectos secundarios en la salud animal, como el aumento de mastitis. Para las empresas exportadoras, contar con una certificación de “país libre de rBST” es una ventaja competitiva crítica que facilita la apertura de nuevos destinos y asegura la permanencia en góndolas donde la naturalidad y el bienestar animal son factores de compra determinantes en este 2026.
En el análisis geográfico de la producción, el impacto de la norma se sentirá de manera transversal en las cuencas de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. Si bien el uso de esta hormona no estaba masificado en todos los estratos productivos, algunos establecimientos de alta tecnología la utilizaban para maximizar el rendimiento por animal. La transición hacia un modelo sin rBST obligará a estos tambos a enfocarse aún más en la eficiencia nutricional, el confort animal y la genética de precisión para sostener los niveles de remisión. El Senasa ha establecido un cronograma de retiro del mercado para permitir que los stocks existentes se agoten, asegurando una transición ordenada que no afecte el suministro de leche fluida a la industria.
Hacia el futuro, el desafío para el sector lácteo argentino será demostrar que se puede mantener la productividad sin recurrir a promotores de crecimiento hormonales. El enfoque de la industria se desplaza ahora hacia la digitalización del tambo y el monitoreo biológico no invasivo, herramientas que permiten optimizar la producción respetando los ciclos naturales del animal. Con esta prohibición, la lechería argentina refuerza su compromiso con la inocuidad alimentaria y la transparencia, posicionándose como un proveedor confiable de alimentos “limpios” en un mercado global cada vez más exigente con los estándares éticos y sanitarios de la producción primaria.
FUENTE: Primera Edición






