La industria quesera española atraviesa un momento de consolidación, pero todavía lejos de su verdadero potencial. En regiones como Zamora, el sector ha logrado sostener producción, mejorar calidad y posicionar productos, pero enfrenta un límite claro: le falta escala para dar el salto definitivo.
El diagnóstico que hacen desde el propio sector es contundente. Hay capacidad productiva, hay tradición y hay mercado, pero falta un factor clave: una estrategia que permita transformar ese potencial en crecimiento sostenido.
Crecer no alcanza: el desafío es escalar
En los últimos años, la industria quesera ha mostrado avances importantes. Se ha profesionalizado, ha mejorado procesos y ha logrado posicionarse en nichos de calidad, especialmente en productos con identidad territorial.
Sin embargo, ese crecimiento no se traduce necesariamente en competitividad global. La mayoría de las queserías siguen operando a pequeña o mediana escala, lo que limita su capacidad de:
- exportar de forma sostenida
- competir en precio
- acceder a grandes mercados
El resultado es un sector que funciona, pero que no logra despegar.
El límite estructural: falta de impulso
El punto más crítico no está en la producción, sino en el entorno.
Desde el sector señalan que falta un mayor respaldo institucional que permita:
- facilitar inversiones
- mejorar infraestructura
- impulsar la comercialización
Sin ese acompañamiento, el crecimiento queda fragmentado y dependiente del esfuerzo individual de cada empresa.
En otras palabras: hay industria, pero falta política sectorial.
Un mercado global cada vez más exigente
El contexto internacional tampoco ayuda. El mercado lácteo —y especialmente el de quesos— está dominado por grandes jugadores con escala, marca y presencia global, como Francia, Italia o Países Bajos.
Frente a eso, España compite con productos de alta calidad, pero con menor capacidad de volumen y posicionamiento.
Esto genera una tensión clara: calidad reconocida, pero baja penetración internacional.
Valor agregado vs. volumen
El sector parece atrapado entre dos caminos.
Por un lado, el desarrollo de quesos diferenciados, con denominación de origen y valor agregado.
Por otro, la necesidad de crecer en volumen para competir en mercados más amplios.
El desafío es encontrar un equilibrio entre ambos modelos, sin perder identidad pero ganando escala.
Fuente: La Opinión de Zamora






