El sector primario de ambos países denuncia una “tormenta perfecta” que combina la apertura comercial con el uso indebido de subproductos industriales. Las unidades de procesamiento se ven tentadas por insumos de bajo costo, poniendo en riesgo la supervivencia de los establecimientos especializados locales.
La lechería en el norte de Sudamérica atraviesa uno de sus momentos más críticos. La situación en Colombia y Ecuador es un reflejo de los desafíos estructurales que enfrentan las unidades productivas frente a la globalización de los lácteos. Las gremiales de ambos países alertan que la falta de controles sobre las importaciones y la mezcla de lactosueros en la leche fluida están “ahogando” la economía rural.
Los dos frentes de la crisis
El impacto en los establecimientos especializados se origina en dos factores concurrentes que distorsionan el precio en origen:
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Auge de las Importaciones: Bajo el marco de diversos tratados de libre comercio, el ingreso de leche en polvo subsidiada desde Estados Unidos y la Unión Europea compite en desventaja con la producción local. Las plantas industriales optan por reconstruir leche a partir de polvo importado en lugar de recolectar leche fresca de los productores nacionales, lo que genera excedentes y caídas de precio en el campo.
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La “Suerización” del Mercado: El uso de lactosueros (un subproducto de la fabricación de queso) para “estirar” la leche fluida es una práctica que las unidades de procesamiento denuncian como competencia desleal. Al ser un insumo significativamente más económico, desplaza la demanda de leche pura de los establecimientos especializados, engañando al consumidor final que cree adquirir un producto 100% lácteo.
Impacto en las unidades de procesamiento y el empleo
Para la industria transformadora, esta situación plantea un dilema ético y financiero:
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Desincentivo a la Inversión: Las plantas industriales que apuestan por la calidad y el cumplimiento de la norma se ven castigadas por un mercado que premia el bajo costo del suero.
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Riesgo de Desabastecimiento Futuro: Si los establecimientos especializados cierran sus puertas debido a la falta de rentabilidad, las unidades productivas del mañana dependerán exclusivamente de la volatilidad de los precios internacionales, perdiendo soberanía alimentaria.
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Trazabilidad en Riesgo: La mezcla indiscriminada de lactosueros dificulta los procesos de certificación de calidad que las plantas industriales necesitan para competir en nichos de mayor valor agregado.
Hacia una regulación más estricta
Tanto en Quito como en Bogotá, el clamor de los productores es el mismo: protección y control. Se exige a las autoridades sanitarias (como el INVIMA en Colombia y ARCSA en Ecuador) que endurezcan las pruebas de detección de caseinomacropéptidos (CMP) en las unidades de procesamiento para erradicar la adulteración.
La sostenibilidad de la cadena láctea andina depende de equilibrar la balanza comercial y asegurar que las plantas industriales prioricen el acopio de los establecimientos especializados nacionales. Sin un precio justo que cubra los costos de producción —especialmente con insumos dolarizados—, el sector corre el riesgo de una contracción estructural de la cual será difícil recuperarse.
Fuente: El Tiempo






