La coyuntura de la cadena láctea en la Argentina transita por un escenario de profundas contradicciones estructurales. Durante su participación en el marco de la muestra TodoLáctea, celebrada en San Francisco (Córdoba), el presidente del Centro de la Industria Lechera (CIL) y titular de la cooperativa Manfrey, Ercole Felippa, analizó el presente del sector y buscó desmitificar la percepción de un colapso terminal generalizado, un relato instalado tras la difusión de las crisis particulares de firmas históricas como SanCor o Verónica.
“En Argentina operan más de 600 empresas lácteas y los problemas financieros severos se concentran en un pool muy acotado de firmas que ya arrastraban descalces estructurales previos”, argumentó el directivo. No obstante, Felippa advirtió que el verdadero cuello de botella que frena la competitividad de las plantas y tamberos no radica en la eficiencia productiva, sino en el denominado “costo argentino”, abriendo un debate central: “Tenemos la leche —como materia prima— más barata del mundo, y tenemos los productos lácteos más caros del mundo. ¿Qué pasa en el medio?”.
El desglose de la paradoja: El peso fiscal en góndola
Al responder a su propio interrogante, el titular del CIL reveló datos derivados de un sólido informe técnico que la entidad industrial confeccionó a pedido del Ministerio de Economía de la Nación. El relevamiento expone que la intermediación no obedece a rentas extraordinarias del eslabón transformador o comercial, sino a la presión tributaria en cascada:
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Componente Impositivo Directo: De cada 100 pesos que paga un consumidor final en góndola por un sachet de leche, un queso o un yogur, 40 pesos corresponden estrictamente a impuestos.
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Distribución de la Caja: El 50% de esa recaudación se transfiere a las arcas del Estado Nacional, mientras que el 50% restante es absorbido por los estados subnacionales mediante el Impuesto a los Ingresos Brutos (provincias) y las tasas de abasto e inspección seguridad e higiene (municipios).
La inviabilidad del sistema: “A la par, una empresa gasta 100 pesos en un salario, pero al operario le llegan 60 de bolsillo por las cargas sociales. Con esos 60 pesos va al supermercado y vuelve a enfrentar un 40% de impuestos en los alimentos. Un país con semejante carga tributaria es inviable”, fustigó Felippa.
Concentración vs. Atomización y el rebote del consumo
El representante industrial aprovechó el espacio para desacreditar las denuncias políticas de supuestos monopolios en el eslabón de la transformación láctea argentina, señalando que se trata de uno de los ecosistemas más competitivos de la región:
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Las 4 o 5 principales empresas concentran apenas el 40% del recibo total de leche.
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El top de las 20 compañías líderes procesa el 50% del fluido país.
Con respecto a las variables comerciales, Felippa recordó que el 75% de la producción nacional se vuelca al mercado interno. Tras el duro ajuste del consumo masivo experimentado durante 2024 debido al ordenamiento macroeconómico de shock, el primer cuatrimestre de 2026 muestra signos de estabilización y ligera recuperación, aunque sin alcanzar los promedios históricos.
Esta contracción doméstica obligó a las empresas a canalizar los saldos exportables —más aún considerando el crecimiento del 10% en la producción primaria a nivel nacional—. Para lograr fluidez en los mercados internacionales, el precio de la leche cruda debió corregir su valor en dólares desde los picos artificiales de 47 centavos hacia un rango sostenible de 36 a 37 centavos de dólar por litro (valores en torno a los $500 en boca de tambo).
Informalidad y la agenda pendiente de reintegros
Finalmente, el dirigente apuntó a la economía marginal como el segundo gran flagelo de la actividad, operando como un factor de competencia desleal y distorsión de precios al evadir el 21% de IVA y el Impuesto al Cheque.
Para solucionar de raíz estas asimetrías, el CIL elevó una propuesta formal al Gobierno Nacional que promueve una reforma tributaria de simplificación de bases impositivas y la restitución de un esquema razonable de reintegros a la exportación. Felippa recordó que tras la eliminación definitiva de las retenciones lácteas, las retribuciones fiscales se redujeron a cero, lo que implica que la industria argentina actual continúa “exportando impuestos” en sus despachos de leche en polvo y quesos commodities.
Fuente: Bichos de Campo
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