La seguridad alimentaria y la estabilidad de costos en las cadenas agroindustriales globales enfrentan su mayor amenaza estructural desde la crisis de materias primas de la pospandemia. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) emitió un crítico informe de alerta internacional en el que advierte que el bloqueo parcial y las restricciones operativas en el estrecho de Ormuz podrían derivar en un colapso agroalimentario con consecuencias globales en un horizonte de seis a doce meses.
El conflicto bélico y la escalada de la tensión militar en Medio Oriente —acentuada tras la campaña de finales de febrero— han afectado severamente una de las arterias comerciales más estratégicas del planeta. A diferencia de otros cuellos de botella logísticos previos, la FAO remarcó que la parálisis de este corredor no constituye una disrupción logística temporal, sino una amenaza sistémica que impactará de lleno en los vectores de costos de la producción primaria a escala internacional.
El impacto en los márgenes: Combustibles y fertilizantes en alza
El economista jefe de la FAO, Máximo Torero, detalló que la crisis en el estrecho golpea de forma directa a la agricultura y la ganadería global mediante dos canales de transmisión macroeconómica: la energía y la nutrición mineral de los suelos. Al restringirse el flujo de petróleo y gas natural licuado (GNL) desde el Golfo Pérsico, el encarecimiento de los combustibles eleva de forma inmediata las tarifas del transporte marítimo y los costos operativos de la maquinaria en los campos.
Por otra parte, el gas natural es el insumo crítico y la base molecular para la síntesis de fertilizantes nitrogenados (como la urea). Una menor disponibilidad o un encarecimiento de la energía se traduce en un incremento en los costos de implantación de pasturas y granos (maíz y soya), elementos que configuran la base de la dieta y los concentrados del rodeo lechero mundial.
El diagnóstico de Torero: “Esta combinación de factores reduce la productividad por hectárea, achica las áreas cultivables y acelera la inflación alimentaria global, disparando los precios de las materias primas esenciales para millones de personas”, advirtió el economista.
La hoja de ruta propuesta para mitigar el golpe logístico
Frente al riesgo inminente de desabastecimiento e inflación de costos, David Laborde, director del departamento de economía agroalimentaria de la FAO, delineó las prioridades logísticas de contingencia que deben adoptar los gobiernos y el sector privado:
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Corredores de Emergencia: Fortalecer rutas terrestres y marítimas alternativas que atraviesen el este de la península arábiga, el oeste de Arabia Saudita y el Mar Rojo. Sin embargo, Laborde admitió que estas vías poseen una capacidad de carga limitada y costos operativos sustancialmente mayores frente al volumen que fluye regularmente por Ormuz.
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Prohibición de Restricciones Comerciales: El organismo instó de forma vehemente a las grandes potencias agrícolas y exportadoras de granos a no imponer barreras o cuotas a la exportación de alimentos para consumo interno, con el fin de evitar un efecto de pánico en los mercados de commodities.
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Protección Humanitaria: Compensar los incrementos en los fletes logísticos para los suministros alimentarios dirigidos a los países más vulnerables.
La advertencia de la FAO enciende las alarmas en los principales bloques productores y exportadores de alimentos del mundo. En un escenario donde los márgenes de la producción láctea y cárnica ya operan bajo presión debido a los costos internos, un shock energético derivado de la geopolítica de Medio Oriente obligará a las empresas a rediseñar de forma urgente sus estrategias de abastecimiento de insumos y coberturas financieras para el segundo semestre del año.
Fuente: Contexto Ganadero
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