La relación entre el consumo de productos lácteos fermentados y la microbiota intestinal concentra una creciente atención dentro de la investigación nutricional.
Una revisión publicada en 2025 en la revista Nutrients analizó estudios realizados entre 2003 y 2025 sobre la interacción entre los lácteos, la microbiota y el sistema inmunológico.
Según la fuente, el trabajo encontró que los productos lácteos fermentados pueden modular la composición bacteriana del intestino y reducir determinados marcadores de inflamación.
Fermentación y microorganismos vivos
Productos como el yogur y el kéfir atraviesan procesos de fermentación en los que intervienen microorganismos, una característica que explica buena parte del interés científico sobre su posible interacción con la microbiota.
La fermentación también modifica algunos componentes originales de la leche. Entre ellos se encuentra la lactosa, que es parcialmente metabolizada por las bacterias durante el proceso.
La fuente recoge además el testimonio de Jordan Rubin, referente en nutrición que atribuye parte de su recuperación de una enfermedad de Crohn severa a una dieta que incluyó leche cruda de cabra, kéfir y crema sin pasteurizar. Se trata, sin embargo, de una experiencia personal y no de evidencia suficiente para establecer que esos alimentos puedan tratar o revertir la enfermedad.
Leche cruda y pasteurizada no son equivalentes
La nota también plantea diferencias entre leche cruda y pasteurizada. La pasteurización utiliza calor para destruir microorganismos patógenos, mientras que la homogeneización modifica físicamente los glóbulos de grasa para evitar la separación de la crema.
Rubin sostiene que determinados componentes de la leche sin pasteurizar tendrían ventajas nutricionales y cuestiona algunos efectos del procesamiento industrial. Estas afirmaciones corresponden a su posición y no deberían interpretarse como una recomendación sanitaria de consumir leche cruda.
La revisión científica citada en la nota tampoco demuestra que la leche sin pasteurizar pueda tratar enfermedades intestinales ni respalda las experiencias personales de recuperación como una relación de causa y efecto.
A1 y A2, otra línea de investigación
Otro aspecto abordado es la diferencia entre las variantes A1 y A2 de la beta-caseína.
La fuente señala que Rubin destaca la presencia natural de proteína A2 en leche de cabra, oveja y búfalo, así como en determinadas razas bovinas, entre ellas Jersey y Guernsey.
La digestión, tolerancia y posibles diferencias entre las proteínas A1 y A2 constituyen otra línea de estudio, pero las afirmaciones sobre sus efectos clínicos requieren distinguir entre hipótesis, asociaciones y beneficios demostrados.
En ese contexto, la evidencia presentada resulta más sólida para analizar el papel de los lácteos fermentados y su interacción con la microbiota que para establecer ventajas terapéuticas de la leche cruda.
Fuente: Infobae
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