La lechería argentina atraviesa un fenómeno contradictorio: mientras el número de establecimientos productivos disminuye, la cantidad de animales en producción aumenta. Según datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), en el último año cerraron 234 tambos (una caída del 2,57%), dejando el total nacional en 8.856 unidades. No obstante, el rodeo creció un 1,14%, alcanzando las 1.505.800 vacas. Este proceso de concentración indica que las empresas más grandes están absorbiendo la capacidad de las unidades más pequeñas para intentar sostener la escala.
A pesar de contar con más vacas por tambo, la rentabilidad del sector se ha tornado negativa desde noviembre de 2025. En febrero de 2026, el margen de un tambo promedio fue de -1,33%. Esta cifra se explica por un “fuerte desacople” entre el precio pagado al productor ($482,48 por litro) y el costo de producción real, que se ubica en $500,5. Para alcanzar un punto de equilibrio que contemple una rentabilidad mínima del capital, el tambero debería recibir al menos $567,8 por cada litro de leche entregado.
La facturación de las empresas lácteas también refleja el deterioro económico, con una caída del 9,1% en pesos y del 11,4% en dólares en términos interanuales. Los especialistas señalan que la principal causa es el estancamiento del precio de la leche frente a una inflación persistente y el encarecimiento de los insumos. La relación insumo-producto ha empeorado notablemente; por ejemplo, la capacidad de compra de maíz por litro de leche cayó de la media histórica de 2 kilos a solo 1,8 kilos, encareciendo significativamente la alimentación del rodeo.
Ante la falta de perspectivas de mejora a corto plazo, algunas entidades como Meprolsafe y Carsfe han sugerido medidas extremas, como reducir la oferta de leche para presionar sobre el precio. La estrategia propuesta consiste en “desensillar hasta que aclare”, lo que implica frenar el crecimiento productivo, descartar vacas con problemas sanitarios (mastitis o tuberculosis) y rejuvenecer el rodeo sin ampliarlo. Esta reducción de la oferta buscaría equilibrar un mercado interno deprimido por el bajo consumo y las dificultades para exportar.
En conclusión, la lechería argentina se enfrenta a un desafío estructural donde la eficiencia productiva no alcanza para compensar la pérdida de poder adquisitivo del productor. El aumento de la carga animal en los establecimientos supervivientes genera sistemas de alimentación más caros y dependientes de granos externos, en un momento donde el precio de la leche no acompaña la suba de los costos operativos. Sin un ajuste en el precio relativo o una recuperación del mercado, el proceso de desaparición de pequeños y medianos tambos continuará profundizándose.
Fuente: Clarín Rural






