La cuenca lechera del departamento de Cerro Largo, en Uruguay, enfrenta horas decisivas que podrían marcar el fin de una era institucional. La histórica Cooperativa de Lechería de Melo (Coleme) atraviesa un severo proceso de asfixia operativa y financiera que ha encendido las alarmas en todo el sector lácteo nacional. Ante un inminente riesgo de quiebra y cese definitivo de actividades, los productores remanentes y las autoridades evalúan medidas de emergencia para salvaguardar el destino de la materia prima regional.
Los indicadores actuales de la cooperativa exponen un cuadro de inviabilidad técnica extrema, arrastrado por la pérdida de masa social y el desfinanciamiento estructural.
La radiografía del desplome: Volumen y masa social en mínimos
El vaciamiento productivo de Coleme en la última década refleja la dureza de la crisis que sufren las cuencas extrapandearas y de menor escala en el país:
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Pérdida de matrículas: Hace diez años, la cooperativa contaba con un sólido padrón de 72 tamberos remitentes. Hoy en día, la falta de incentivos y la crisis de rentabilidad redujeron esa masa social a tan solo 12 matrículas activas.
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Volumen crítico de procesamiento: La planta industrial recibe actualmente una remisión mínima que apenas roza los 7.000 litros de leche diarios. Esta cifra resulta insuficiente para cubrir los costos fijos de energía, mantenimiento de calderas, logística de recolección y masa salarial de la estructura.
Corte en la cadena de pagos: La situación más dramática la sufren tranqueras adentro los productores sobrevivientes. Coleme acumula varios meses de remisiones impagas y, en los casos más complejos, el retraso en la liquidación de la leche entregada alcanza los seis meses, asfixiando la economía familiar de los tamberos.
La salida de emergencia: El factor Conaprole
Frente a una planta paralizada por la falta de escala y un pasivo que crece, la dirigencia y los productores analizan una alternativa de salvataje que evite la desaparición total de la actividad en la zona:
Redireccionamiento estratégico: Según informes sectoriales, la opción más firme que se encuentra sobre la mesa es iniciar gestiones formales para que los 7.000 litros diarios de la cuenca de Cerro Largo dejen de ingresar a la planta de Melo y sean redirigidos de forma directa a Conaprole.
Esta maniobra significaría el cierre de la actividad manufacturera propia de Coleme, pero garantizaría a los 12 tamberos remanentes la continuidad de su negocio bajo el esquema de cobro seguro, previsibilidad y precios de la principal cooperativa láctea del país.
Cabe recordar que, durante el año pasado, el ecosistema de Coleme estuvo cerca de una reconversión cuando una empresa de capitales argentinos presentó una propuesta formal para comprar la planta industrial. Sin embargo, las negociaciones no prosperaron y la inyección de capital privado quedó descartada.
Fuente: Blasina Y Asociados
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