El queso es uno de los alimentos más consumidos en el mundo y ocupa un lugar habitual en la alimentación diaria de millones de personas. Su aporte de proteínas, calcio y otros nutrientes esenciales lo convierte en un alimento de alto valor nutricional, aunque su contenido de grasas saturadas y sodio hace que el equilibrio en las porciones sea fundamental.
Los especialistas coinciden en que, consumido con moderación e integrado dentro de una dieta equilibrada, el queso puede aportar múltiples beneficios para la salud.
Un alimento rico en proteínas y calcio
El queso aporta proteínas de alto valor biológico, calcio, fósforo y vitaminas que contribuyen al mantenimiento de los huesos y la masa muscular.
Además, su combinación de proteínas y grasas favorece una digestión más lenta, lo que ayuda a prolongar la sensación de saciedad y puede contribuir al control del apetito entre comidas.
Según la dietista Samantha Peterson, el consumo adecuado de queso puede proporcionar energía sostenida y aportar nutrientes importantes para la salud ósea y muscular.
La importancia de las porciones
Los expertos destacan que ningún alimento debe analizarse de manera aislada, sino dentro del conjunto de la alimentación.
Consumir queso diariamente no representa un problema para la mayoría de las personas si se respetan porciones moderadas y se combina con frutas, verduras, cereales integrales y otras fuentes de proteínas.
El equilibrio general de la dieta sigue siendo el factor más importante para mantener una buena salud.
¿Quiénes deberían moderar su consumo?
Algunas personas pueden presentar dificultades para digerir determinados componentes de los productos lácteos.
Quienes tienen intolerancia a la lactosa, sensibilidad a las proteínas de la leche o padecen trastornos digestivos como reflujo o distensión abdominal pueden necesitar reducir el consumo o elegir variedades específicas.
En muchos casos, los quesos curados contienen menos lactosa debido al proceso de maduración y suelen ser mejor tolerados.
Los riesgos del exceso
Como ocurre con cualquier alimento, el problema aparece cuando el consumo es excesivo.
Muchos quesos contienen cantidades importantes de grasas saturadas y sodio, dos nutrientes cuyo exceso puede aumentar el riesgo cardiovascular en personas predispuestas.
Además, una dieta basada en grandes cantidades de queso puede desplazar otros alimentos ricos en fibra, fundamentales para mantener una microbiota intestinal saludable y una buena función digestiva.
Un alimento que puede formar parte de una dieta saludable
La evidencia científica disponible indica que el queso puede integrarse sin inconvenientes en una alimentación equilibrada.
Elegir variedades con menor contenido de sodio o grasa cuando sea necesario, controlar las porciones y mantener una dieta diversa son las principales recomendaciones para aprovechar sus beneficios nutricionales sin incrementar riesgos para la salud.
Fuente: Infobae
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