La falta de electricidad no solamente altera la rutina de los establecimientos lecheros venezolanos.
También está cambiando qué se hace con la leche después del ordeñe.
Según estimaciones de la Unión Agrícola y Ganadera de los Andes de Venezuela (Unagandes), alrededor de 80% de la leche producida en el país termina actualmente en la elaboración de queso.
Otro 15% sería recibido por plantas pasteurizadoras y pulverizadoras, mientras el 5% restante se destinaría a suero, manteca, requesón, crema y yogur.
La distribución refleja una cadena obligada a adaptarse a cortes eléctricos que, de acuerdo con el gremio, pueden alcanzar hasta ocho horas, y a dificultades para acceder al gasoil utilizado en grupos electrógenos.
Entre 7,5 y 7,6 millones de litros por día
Antonio Escalona, presidente de Unagandes, estima que Venezuela produce actualmente entre 7,5 y 7,6 millones de litros diarios de leche.
La cifra toma como referencia información de 2025 y de los primeros siete meses de 2026.
No se trata de una estadística oficial consolidada.
El propio dirigente reconoce que el cálculo combina registros existentes con estimaciones, debido a que una parte importante de los pequeños productores y microproductores comercializa leche de manera local o la destina al autoconsumo sin incorporarla a sistemas formales de información.
Por eso, el dato permite dimensionar el mercado, pero no debería interpretarse como un registro exhaustivo de toda la producción nacional.
El problema comienza en el tanque de frío
La leche necesita enfriarse rápidamente después del ordeñe.
Cuando el suministro eléctrico se interrumpe durante varias horas, mantener esa temperatura puede convertirse en uno de los principales problemas del establecimiento.
Los productores que disponen de generadores también enfrentan otra limitación: la disponibilidad de gasoil.
“Hay muchos productores que tienen sistema de refrigeración y no tienen planta eléctrica”, explicó recientemente Gómel José Sierra, vicepresidente de la Federación de Ganaderos de la Cuenca del Lago, en Zulia.
En otros casos existe el generador, pero falta combustible para mantenerlo funcionando.
El resultado es el mismo.
La ventana disponible para conservar y transportar la leche se acorta.
El queso funciona como salida rápida
Ante ese escenario, procesar la leche en queso aparece como una alternativa práctica.
La leche líquida es altamente perecedera.
Transformarla permite extender su conservación y reducir la dependencia inmediata de una cadena de frío continua.
Eso ayuda a entender por qué, según Unagandes, ocho de cada diez litros producidos terminan actualmente en queserías.
No significa que el queso no requiera controles sanitarios, temperatura adecuada o buenas prácticas de elaboración.
Pero ofrece una vida comercial mucho más larga que la leche cruda almacenada durante horas a temperaturas inadecuadas.
Para muchos productores, la decisión es entonces económica y logística: vender rápidamente a una quesera puede ser preferible a correr el riesgo de perder la leche.
Solo 15% llega a plantas pasteurizadoras o de polvo
La estimación gremial señala que apenas 15% de la producción sería procesada por plantas pasteurizadoras y pulverizadoras.
El porcentaje muestra hasta qué punto la infraestructura condiciona la estructura industrial del sector.
Las plantas de leche pasteurizada necesitan una logística particularmente precisa.
La materia prima debe llegar con rapidez y mantenerse refrigerada desde el establecimiento hasta la industria.
La leche en polvo ofrece una vida útil mucho mayor una vez procesada, pero también requiere plantas industriales de gran escala, energía, secado y una provisión estable de materia prima.
Cuando fallan electricidad, combustible y transporte, sostener esas cadenas resulta más difícil.
Las pérdidas no se limitan al producto
Los cortes pueden traducirse directamente en leche descartada.
Representantes ganaderos de Zulia ya habían advertido en septiembre sobre casos en los que productores perdieron litros por no poder mantener adecuadamente la refrigeración.
Pero incluso cuando la leche consigue venderse antes de deteriorarse, la crisis energética genera otros costos.
Mayor uso de generadores.
Combustible adicional.
Reparaciones.
Traslados urgentes.
Menor capacidad para elegir comprador.
Y, eventualmente, una venta a condiciones menos favorables porque el productor dispone de pocas horas para colocar un producto perecedero.
Los Llanos y el occidente concentran buena parte de la producción
Unagandes identifica entre las principales zonas lecheras del país a los estados de Apure, Guárico y Portuguesa, dentro de los Llanos.
También aparecen Zulia, la zona baja de Táchira y Mérida.
Son territorios con condiciones productivas muy diferentes, pero todos dependen de infraestructura energética y vial para conectar los establecimientos con las plantas.
Cuando falla alguno de esos eslabones, el problema puede sentirse mucho antes que en otras actividades agropecuarias.
Una vaca produce todos los días.
La leche también necesita salir todos los días.
La producción bovina rondaría los cinco millones de litros
Escalona también estima que la ganadería bovina aporta alrededor de cinco millones de litros diarios.
Ese número es inferior a los 7,5-7,6 millones señalados para el total nacional.
La explicación que surge de la propia entrevista es el peso creciente de la producción bufalina, que viene ganando participación dentro de la oferta venezolana.
La leche de búfala tiene además un mayor contenido de grasa que la bovina, característica particularmente valorada para determinadas elaboraciones queseras.
Pero la fuente no aporta una apertura precisa y completa entre leche bovina y bufalina que permita reconstruir exactamente todo el volumen nacional.
Por eso conviene mantener ambos valores como estimaciones de Unagandes sin intentar completar la diferencia con cálculos no publicados.
El clima agrega otro límite
La energía no es el único condicionante.
Escalona menciona también problemas de alimentación asociados a períodos de lluvias intensas y sequía.
Ambos extremos pueden reducir la disponibilidad y calidad de los pastos.
En sistemas ganaderos dependientes de recursos forrajeros locales, esa variabilidad impacta directamente sobre la producción individual de las vacas y sobre el costo de sostener el rodeo.
La combinación de clima, electricidad y combustible termina condicionando no solo cuánto se produce, sino cuánto puede efectivamente comercializarse.
Mejor electricidad podría cambiar el mapa industrial
Desde Unagandes consideran que una mejora sostenida del servicio eléctrico permitiría modificar gradualmente la actual distribución del procesamiento.
Con mayor estabilidad energética, una parte de la leche que hoy se dirige casi necesariamente a queserías podría recuperar otros destinos.
Pasteurización.
Leche en polvo.
Yogures.
Cremas.
Manteca.
Otros derivados.
Eso significaría ampliar las opciones comerciales del productor y también diversificar la matriz industrial.
El problema no es solamente producir leche
La estimación de más de 7,5 millones de litros diarios muestra que Venezuela conserva una base ganadera considerable.
Pero esa cantidad dice solo una parte de la historia.
La otra empieza después del ordeñe.
Sin electricidad estable, combustible para generación, frío, transporte e industria, producir un litro no garantiza que ese litro llegue en buenas condiciones a un consumidor o a una planta.
La consecuencia se ve hoy en el destino de la materia prima.
Según Unagandes, 80% termina convertido en queso.
No necesariamente porque esa sea siempre la opción industrial de mayor valor.
Sino porque, en un sistema con problemas de electricidad y combustible, muchas veces es la alternativa más rápida para que la leche no se pierda.
Fuente principal: La Prensa de Lara, con declaraciones de Antonio Escalona, presidente de Unagandes, y antecedentes de representantes ganaderos de Zulia.
Ahora puedes leer las #noticias más importantes en los canales de #Whatsapp de #eDairyNews!!
🇦🇷 eDairy News ESPAÑOL: https://whatsapp.com/channel/0029VaPqM3eAu3aInae2Qt0V






