ESPMEXENGBRAIND

23 Ago 2026
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Una investigación realizada en Chile comparó ambos alimentos durante ocho semanas de entrenamiento de fuerza en personas mayores. Los dos grupos mejoraron masa y función muscular, mientras que el consumo de yogur mostró cambios particulares en la microbiota intestinal.
Yogur o proteína de suero: qué encontró un estudio sobre músculo y microbiota

El yogur podría ser una alternativa alimentaria para acompañar programas destinados a preservar la masa y la fuerza muscular durante el envejecimiento.

Una investigación desarrollada por científicos de distintas universidades chilenas comparó los efectos del yogur y la proteína de suero —whey protein— en personas mayores sometidas a un programa de entrenamiento de fuerza.

Después de ocho semanas, ambas estrategias produjeron mejoras similares en diferentes indicadores musculares y de rendimiento físico.

Pero los investigadores encontraron una diferencia en otro lugar: el intestino.

El grupo que consumió yogur presentó modificaciones específicas en su microbiota, entre ellas un aumento de bacterias del género Coprococcus, asociadas con la producción de butirato.

El resultado pone el foco sobre un concepto que está ganando espacio en nutrición: no solamente importa cuánto nutriente aporta un alimento, sino también la matriz alimentaria en la que esos nutrientes son consumidos.

Yogur versus whey protein

El estudio fue publicado en Scientific Reports y contó con investigadores del Centro de Envejecimiento y Longevidad Saludable de la Universidad Mayor, la Universidad de Chile, la Universidad Andrés Bello y la Universidad de O’Higgins.

El trabajo analizó a personas mayores sedentarias que realizaron ocho semanas de ejercicios de fuerza.

Durante la intervención, los participantes consumieron entre 1,5 y 1,7 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día.

Los investigadores compararon el efecto de incorporar yogur frente a la utilización de proteína de suero.

Los resultados mostraron que los dos grupos aumentaron de manera semejante la masa muscular, además de registrar mejoras en fuerza de brazos y piernas, potencia muscular y velocidad al caminar.

Esto significa que, dentro de las condiciones específicas del estudio, el yogur acompañó las mejoras musculares de manera comparable a la proteína de suero.

La diferencia apareció en el intestino

Donde sí se observaron diferencias fue en la microbiota intestinal.

El yogur es un alimento fermentado y su consumo estuvo asociado con cambios específicos en las comunidades bacterianas del intestino.

Uno de los hallazgos destacados fue el incremento de Coprococcus, un género bacteriano relacionado con la producción de butirato, un ácido graso de cadena corta relevante para el funcionamiento del ecosistema intestinal.

La Dra. Paulina Calderón-Romero, investigadora de la Universidad Mayor y participante del estudio, señaló que el resultado permite poner atención no solo en la cantidad y calidad de las proteínas, sino también en la matriz alimentaria en la que se consumen.

En otras palabras, dos alimentos capaces de aportar proteínas pueden generar respuestas musculares semejantes y, al mismo tiempo, relacionarse de manera diferente con la microbiota.

¿El yogur puede reemplazar a los suplementos?

Los investigadores son cautos sobre esa conclusión.

El estudio no implica que la proteína de suero deje de tener utilidad ni que el yogur pueda reemplazarla en todas las situaciones.

La proteína en polvo puede resultar útil cuando una persona tiene dificultades para alcanzar sus requerimientos diarios mediante la alimentación.

Sin embargo, Calderón-Romero sostuvo que si existe una dieta variada que permite cubrir adecuadamente las necesidades proteicas, los suplementos no necesariamente son imprescindibles.

En personas mayores, además, cualquier estrategia de suplementación debe evaluarse de manera individual y, cuando corresponda, con orientación profesional.

El estudio aporta así evidencia sobre la posibilidad de utilizar un alimento cotidiano como el yogur dentro de una estrategia nutricional destinada a acompañar el mantenimiento muscular.

El verdadero protagonista fue el ejercicio de fuerza

Hay otro aspecto fundamental para interpretar correctamente los resultados.

Las mejoras musculares no pueden atribuirse únicamente al yogur o a la proteína de suero.

Todos los participantes realizaron entrenamiento de fuerza durante las ocho semanas del estudio.

Y ese componente fue determinante.

En ambos grupos se observaron mejoras en masa muscular, fuerza, potencia y capacidad para caminar, reforzando la importancia del ejercicio de fuerza para combatir el deterioro físico asociado con el envejecimiento.

La alimentación funcionó, por lo tanto, como parte de una estrategia que tuvo al entrenamiento como uno de sus pilares.

Proteínas y envejecimiento

Con el paso de los años puede producirse una disminución progresiva de masa y fuerza muscular.

Cuando ese deterioro alcanza determinados niveles puede contribuir al desarrollo de sarcopenia, una condición relacionada con pérdida de autonomía y mayor riesgo de caídas y limitaciones funcionales.

Por eso existe un creciente interés científico en estudiar estrategias capaces de preservar el músculo durante el envejecimiento.

La combinación de actividad física de fuerza y una ingesta adecuada de proteínas aparece entre las principales herramientas investigadas.

En ese escenario, los lácteos tienen una característica particular: además de aportar proteínas de alta calidad nutricional, algunos productos, como el yogur, presentan una matriz fermentada que puede interactuar con el ecosistema intestinal.

Más que la cantidad de proteína

Uno de los aspectos interesantes del estudio chileno es justamente ampliar la discusión más allá de los gramos de proteína consumidos.

La comparación sugiere que dos estrategias capaces de acompañar resultados musculares semejantes pueden producir efectos diferentes sobre otros componentes del organismo.

En este caso, la diferencia apareció en la microbiota intestinal.

Esto no permite concluir que el yogur sea universalmente superior a la proteína de suero, pero sí abre una línea interesante para estudiar cómo la matriz de los alimentos puede influir sobre los efectos nutricionales más allá de su composición básica.

Para la industria láctea, la investigación también suma evidencia a un campo de creciente interés: el desarrollo y posicionamiento de alimentos que combinan aporte proteico, fermentación y funcionalidad nutricional.

Fuente: Cooperativa Ciencia

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