La histórica Cooperativa de Lechería de Melo (Coleme), fundada en 1932 y considerada la cooperativa láctea más antigua de Uruguay, cerrará definitivamente sus puertas tras una asamblea de socios que resolvió avanzar con la disolución de la empresa y el concurso de acreedores.
El cierre marca el final de una historia de 94 años vinculada al desarrollo lechero del noreste uruguayo y deja un fuerte impacto social y económico en Cerro Largo: 27 trabajadores serán despedidos y apenas 12 productores remitentes quedaban entregando leche a la planta.
La crisis financiera que arrastraba la cooperativa terminó volviéndose insostenible. Según trascendió, Coleme mantiene una deuda cercana a los $23 millones con productores tamberos, acumulando atrasos de aproximadamente seis meses en los pagos.
Mientras tanto, la empresa seguía cumpliendo con salarios, aportes patronales y servicios públicos, pero el deterioro del volumen de leche remitida terminó de comprometer la viabilidad industrial.
De más de 70 productores a apenas 12
La caída productiva refleja el deterioro que sufrió la cooperativa durante los últimos años.
En sus mejores épocas, Coleme llegó a reunir más de 70 productores remitentes. Una década atrás todavía mantenía cerca de 50 tambos activos. Al momento del cierre, apenas 12 productores continuaban entregando leche, con un volumen diario cercano a los 6.500 litros, insuficiente para sostener la estructura industrial.
La cooperativa también abastecía a la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) con unos 9.000 litros semanales de leche fluida.
Ahora, la remisión de leche será derivada hacia Conaprole para evitar pérdidas de materia prima mientras se concreta el cierre definitivo.
El inversor argentino que nunca llegó
Durante gran parte de 2025 existió expectativa por una posible salvación de la empresa a partir de la llegada del empresario argentino Osvaldo Spataro, ex tesorero de Boca Juniors y con antecedentes de asesoramiento en firmas como La Serenísima y SanCor.
El empresario había mostrado interés en adquirir la planta, la marca y asumir los pasivos, además de absorber a la totalidad de los trabajadores.
Sin embargo, las negociaciones fracasaron por diferencias económicas entre las partes. Mientras el traspaso requería un desembolso inicial cercano a los US$ 600.000, la propuesta habría rondado los US$ 250.000.
Finalmente, el acuerdo nunca prosperó y la posibilidad de rescate quedó descartada.
Preocupación sindical y alerta por desindustrialización
Desde la Federación de Trabajadores de la Industria Láctea (FTIL) advirtieron sobre el impacto que el cierre tendrá en el norte del país y señalaron que el caso forma parte de un proceso más amplio de desindustrialización regional.
El dirigente sindical Robert Labruna sostuvo además que en la empresa ya no existía actividad sindical y rechazó que el cierre pueda atribuirse al accionar gremial.
“Se desmitifica que cierra una fábrica por culpa del sindicato”, afirmó.
También cuestionó el destino de recursos públicos que Coleme había recibido anteriormente mediante fondos de apoyo a la industria láctea.
El final de una cooperativa histórica
Coleme nació en 1932, incluso antes que Conaprole, y durante décadas fue uno de los símbolos de la producción lechera uruguaya en Cerro Largo.
Su cierre representa mucho más que el final de una empresa: implica la pérdida de una estructura histórica de arraigo, empleo y desarrollo regional para el noreste del país.
Fuente: La Mañana
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