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2 Sep 2026
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La caída del poder adquisitivo impulsa bebidas lácteas, alimentos fermentados, untables y aderezos que buscan ocupar el lugar de productos tradicionales. Pueden parecerse a la leche, el yogur, el queso o la manteca, pero tienen otra composición y denominación legal.
Lácteos en Argentina las alternativas más baratas cuestan hasta 60% menos

La búsqueda de precios más bajos está modificando el consumo de lácteos en Argentina y también la oferta disponible en las góndolas.

Junto con la leche, el yogur, los quesos, la manteca y otros productos tradicionales ganaron presencia alternativas que pueden tener una apariencia y utilización similares, pero que pertenecen a categorías diferentes.

La diferencia económica puede ser considerable: según el relevamiento citado por Economía Sustentable, algunos de estos productos llegan a costar hasta 60% menos que sus equivalentes tradicionales.

Jorge Giraudo, especialista en lechería y director del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), relacionó el fenómeno con una disminución del consumo de lácteos y una mayor participación de productos de menor valor agregado.

Según explicó, la pérdida de poder adquisitivo modificó la demanda y llevó también a grandes compañías del sector a incorporar opciones de menor precio.

Leche o bebida láctea: no son lo mismo

Una de las diferencias más visibles aparece en productos que se comercializan cerca de la leche.

El Código Alimentario Argentino contempla bebidas elaboradas con leche y otros derivados lácteos, pero establece condiciones específicas para su denominación.

De acuerdo con la información de ANMAT citada en la fuente, aquellas con al menos 51% de componentes de origen lácteo pueden denominarse “bebida de leche” o “bebida a base de leche”, pero no deben presentarse de manera que puedan confundirse con leche.

También pueden existir diferencias nutricionales. En los ejemplos relevados, una bebida láctea aportaba alrededor de 1,3 gramos de proteína cada 100 mililitros frente a aproximadamente 3 gramos de la leche. En calcio, la comparación era de unos 85 frente a 115 miligramos, respectivamente.

Esos valores corresponden a los productos comparados y no significan que todas las bebidas lácteas tengan necesariamente un perfil nutricional inferior. Los especialistas señalan que cada formulación debe evaluarse según proteínas, calcio, grasas, carbohidratos y eventual fortificación.

Del yogur al queso rallado

El fenómeno también alcanza a otras categorías.

En productos similares al yogur pueden encontrarse denominaciones como “alimento lácteo”, “bebida láctea” o “bebida láctea fermentada”. Algunas formulaciones incorporan leche, suero de leche y azúcar, entre otros ingredientes.

En los productos rallados, algunas alternativas combinan queso procesado con almidones u otros componentes, mientras otras directamente pertenecen a la categoría de aderezos y no pueden comercializarse legalmente como queso rallado.

La utilización de materias primas diferentes permite reducir costos y explica parte de la brecha de precios frente a los productos lácteos tradicionales.

Manteca y dulce de leche también tienen alternativas

La misma tendencia llegó a la manteca. En la góndola pueden encontrarse productos untables que combinan aceites vegetales con manteca o crema de leche y que, por su composición, deben utilizar otra denominación legal.

También existen alternativas al dulce de leche identificadas como “pasta dulce” o “alimento untable a base de leche y azúcar”, con formulaciones diferentes a las exigidas para el producto tradicional.

Cómo saber si realmente es leche, yogur o queso

La principal herramienta para diferenciarlos está en el envase.

Si el consumidor busca leche, la denominación legal debe identificar al producto como leche. Lo mismo ocurre con yogur, queso o manteca.

Expresiones como “bebida”, “alimento”, “producto untable” o “aderezo” indican que se trata de otra categoría.

Además del nombre, la recomendación es comparar la lista de ingredientes y la tabla nutricional, especialmente los contenidos de proteínas, calcio, carbohidratos y grasas.

La comercialización de estas alternativas está permitida siempre que cumplan las normas de composición, denominación y rotulado correspondientes. En un escenario de menor consumo de lácteos, su crecimiento muestra cómo el precio está modificando no solo qué compran los argentinos, sino también qué productos ofrece la industria para competir en la góndola.

Fuente: Economía Sustentable

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