La inteligencia artificial y la digitalización están cambiando la manera de producir leche. Robots de ordeño, collares, cámaras, podómetros y otros sensores permiten monitorear cada vez más variables de cada animal en tiempo real.
El volumen de información puede alcanzar una escala difícil de manejar de forma convencional. Una explotación de 75 vacas, equipada con robot de ordeño y collares que registran temperatura y actividad, puede acumular más de 2 millones de datos por día.
El desafío ya no consiste solamente en obtener esos datos, sino en transformarlos en información que permita tomar decisiones. Allí aparece la IA, con algoritmos capaces de buscar patrones y generar modelos predictivos.
El objetivo es pasar de reaccionar ante un problema sanitario o productivo a intentar detectarlo antes de que presente signos visibles.
Robots que miden mucho más que litros de leche
Los robots de ordeño no se limitan a automatizar la extracción de leche.
Los equipos pueden registrar individualmente la producción diaria, el flujo de leche, la frecuencia y duración de los ordeños y diferentes indicadores vinculados con la salud de la ubre y la calidad.
Entre los parámetros disponibles aparecen células somáticas, conductividad eléctrica, grasa, proteína, temperatura, color y presencia de sangre, además de ordeños rechazados o fallidos.
De esta manera puede construirse un perfil productivo y sanitario continuo para cada vaca.
Sensores para anticipar problemas en las vacas
La tecnología también sale de la sala de ordeño.
Collares, crotales electrónicos, podómetros y bolos ruminales pueden registrar temperatura corporal, actividad, rumia e ingestión de alimento.
El seguimiento de estas variables busca identificar precozmente alteraciones sanitarias y metabólicas, además de aportar información para gestionar reproducción, inseminaciones y partos.
Las cámaras suman otra posibilidad. Los sistemas de visión por computador ya han sido utilizados para evaluar indicadores como cojeras y condición corporal sin necesidad de colocar dispositivos sobre cada animal.
La IA convierte los datos en alertas
El siguiente paso consiste en integrar la información obtenida por diferentes tecnologías.
La IA puede combinar, por ejemplo, los registros de actividad de los sensores con la producción de leche y la temperatura corporal para buscar señales asociadas con alteraciones como cetosis o mamitis.
También se desarrollan sistemas capaces de enviar alertas al teléfono o computadora del productor ante eventos como el inicio del parto o un incremento repentino de la temperatura.
A más largo plazo, una de las líneas mencionadas son los gemelos digitales: representaciones virtuales de la explotación que permitirían simular modificaciones en alimentación, manejo o ambiente antes de aplicarlas sobre el sistema real.
Más tecnología también trae nuevos riesgos
La digitalización no está exenta de limitaciones.
La primera barrera es económica, porque los sistemas integrados requieren inversiones que no todos los establecimientos pueden afrontar.
También existe el riesgo de generar tantas alertas que terminen saturando al productor. A eso se suma un punto central para la IA: la calidad de los datos. Sensores mal calibrados o registros incompletos pueden producir predicciones poco fiables.
Por eso, la tecnología no elimina el papel de las personas. La información puede ayudar a anticipar situaciones, pero sigue siendo el productor quien debe interpretarla y decidir cómo actuar.
Fuente: Interempresas
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