Los robots de ordeño ganan espacio en la producción de leche y Canadá se convirtió en una referencia para analizar qué ocurre cuando la automatización deja de ser una experiencia puntual y pasa a integrarse al funcionamiento cotidiano de los establecimientos.
El tema fue abordado por Amelie Mainville Nadon, directora de Servicios Técnicos para Lechería de Purina/Cargill, durante el Congreso Argentino de Forrajes, realizado el 28 de agosto.
La especialista presentó la experiencia de la lechería canadiense y puso sobre la mesa una pregunta que también empieza a ganar relevancia en Argentina: ¿hasta dónde conviene robotizar un tambo?
La automatización permite modificar el ordeño y generar información individual de las vacas, pero también transforma el trabajo dentro del establecimiento. El productor necesita supervisar equipos, interpretar datos y responder a las alertas que genera el sistema.
El robot cambia el trabajo, pero no elimina a las personas
Una de las principales transformaciones aparece en las tareas del personal.
Los sistemas automatizados pueden asumir parte del trabajo físico y repetitivo relacionado con el ordeño, mientras las personas pasan a concentrarse más en supervisión, análisis y planificación.
La información proporcionada por los equipos debe convertirse en decisiones relacionadas con alimentación, reproducción, salud y manejo de los animales. Por eso, la capacitación adquiere un papel central.
La robotización también puede resultar especialmente relevante para establecimientos que tienen dificultades para conseguir mano de obra especializada, aunque eso no significa eliminar el trabajo humano sino modificar las competencias necesarias.
Alimentación y manejo siguen definiendo el resultado
La incorporación de un robot tampoco funciona de manera aislada.
El desempeño depende de factores como alimentación, infraestructura, genética, sanidad, manejo animal, energía, conectividad y capacitación.
En los sistemas robotizados, además, debe considerarse la interacción entre el comportamiento de las vacas y el funcionamiento de los equipos. Los robots pueden registrar información, pero sigue siendo necesario interpretarla dentro del contexto productivo de cada establecimiento.
¿Dónde está el límite de la robotización?
No existe una única respuesta para todos los tambos.
El tamaño del rodeo, la disponibilidad y costo de la mano de obra, la inversión inicial, las instalaciones y el sistema de alimentación condicionan la conveniencia económica de incorporar robots.
También aparecen costos de mantenimiento, infraestructura y capacitación, además de una mayor dependencia de factores como electricidad, conectividad y servicio técnico.
Por eso, el desafío no pasa necesariamente por instalar la mayor cantidad posible de tecnología, sino por determinar qué nivel de automatización resulta adecuado para cada sistema productivo.
Una discusión que también alcanza a Argentina
La presentación de la experiencia canadiense durante el Congreso Argentino de Forrajes trasladó el debate a una lechería con sistemas productivos diferentes.
Canadá y Argentina tienen realidades distintas, pero comparten desafíos relacionados con la eficiencia, la disponibilidad de trabajadores y el manejo de los rodeos.
La experiencia presentada apunta a que el futuro de los tambos robotizados dependerá menos de la cantidad de máquinas y más de la capacidad para integrar tecnología, vacas, alimentación y gestión.
Fuente: Agroempresario
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