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29 Sep 2026
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El estudio de la microbiota cambió la forma de entender la salud digestiva y puso nuevamente bajo la lupa a los alimentos fermentados. Yogur, kéfir y algunos quesos pueden aportar microorganismos y nutrientes, aunque su efecto depende del producto, las cepas presentes y el conjunto de la alimentación.
Yogur, kéfir y quesos qué papel juegan los lácteos en la microbiota intestinal

La microbiota intestinal se convirtió en una de las áreas de mayor interés dentro de la nutrición y la salud digestiva.

El tracto gastrointestinal alberga billones de microorganismos —entre ellos bacterias y levaduras— que forman un ecosistema dinámico y que puede verse influido por numerosos factores, incluida la alimentación.

En ese escenario, algunos productos lácteos fermentados, especialmente el yogur y el kéfir, ganaron protagonismo por contener microorganismos vivos en determinadas formulaciones y, al mismo tiempo, aportar proteínas, calcio y otros nutrientes propios de los lácteos.

El yogur, uno de los fermentados más accesibles

Entre los alimentos mencionados por la fuente, el yogur aparece como una de las opciones más habituales para incorporar cultivos vivos a la alimentación.

Su elaboración depende de la fermentación de la leche mediante microorganismos específicos.

Algunas variedades pueden contener además otras bacterias, como determinadas especies de Lactobacillus, aunque la cantidad y el tipo de microorganismos varían según el producto.

Por eso, no todos los yogures deben considerarse automáticamente “probióticos”: esa denominación depende de los microorganismos utilizados y de la evidencia disponible sobre sus efectos.

Kéfir: bacterias y levaduras en una misma fermentación

El kéfir es otro de los lácteos que ha ganado presencia en los mercados.

Se obtiene mediante la fermentación de la leche con una comunidad diversa de bacterias y levaduras, lo que genera un producto con características distintas de las del yogur tradicional.

Además de modificar sabor y textura, el proceso puede reducir parte de la lactosa original de la leche.

Eso no significa que todas las personas con problemas para digerir lactosa toleren el kéfir de la misma manera, ya que la respuesta depende tanto del producto como de cada consumidor.

¿Y los quesos?

Algunos quesos fermentados y madurados también contienen microorganismos que intervienen durante su elaboración.

En estos productos, las bacterias, levaduras o mohos pueden participar en la formación de aromas, sabores y texturas características.

Sin embargo, la presencia de microorganismos durante la fabricación no implica necesariamente que el queso aporte una cantidad determinada de microorganismos vivos con efectos probióticos al momento de consumirlo.

Su aporte nutricional dependerá también del tipo de queso, su maduración, composición y cantidad ingerida.

Fermentado no siempre significa probiótico

La creciente popularidad de la microbiota hizo que términos como “fermentado” y “probiótico” comenzaran a utilizarse muchas veces como si fueran equivalentes.

Pero no lo son.

Un alimento fermentado fue transformado mediante la actividad de microorganismos. Para hablar de un probiótico, en cambio, se requiere que microorganismos vivos concretos estén presentes en cantidades adecuadas y que exista evidencia de un beneficio para la salud.

Además, determinados tratamientos posteriores pueden reducir la cantidad de microorganismos vivos.

Es el caso de productos sometidos a calor después de la fermentación.

La microbiota no depende de un solo alimento

La investigación sobre microbiota también obliga a evitar una conclusión demasiado simple: ningún yogur, kéfir o alimento fermentado puede garantizar por sí solo una microbiota “saludable”.

Su composición está relacionada con múltiples variables, entre ellas la alimentación general, la ingesta de fibra, la edad, el estilo de vida y otros factores individuales.

Por eso, la recomendación que surge de las fuentes consultadas apunta más a una alimentación variada que a buscar un único producto capaz de modificar todo el ecosistema intestinal.

Una oportunidad para los lácteos fermentados

Para la industria láctea, el creciente interés por la microbiota abre una oportunidad especialmente relevante para categorías como yogur, kéfir y determinados productos fermentados.

Son alimentos que combinan fermentación con nutrientes propios de la leche y que, dependiendo de su formulación, pueden incorporar cultivos vivos.

El desafío será comunicar estos atributos con precisión, diferenciando entre fermentación, presencia de microorganismos vivos y beneficios probióticos demostrados, evitando promesas generales que la evidencia no permite sostener para todos los productos.

Fuente: El País Uruguay / LA NACION, con referencias a Mayo Clinic, Harvard, NIH y Cleveland Clinic.

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