La sequía dejó un fuerte impacto sobre la producción lechera del oriente de El Salvador. Durante los meses más críticos, especialmente julio y agosto, la falta de lluvias y la escasez de pastos provocaron una reducción estimada de 480.000 botellas diarias de leche, equivalente al 40% del volumen habitual de la región.
La cifra fue proporcionada por Mateo Rendón, coordinador nacional de la Mesa Agropecuaria Rural e Indígena, en una entrevista con Infobae El Salvador.
Según el dirigente, la zona oriental produce normalmente alrededor de 1,2 millones de botellas diarias, pero la prolongada sequía afectó la alimentación del ganado y obligó a numerosos productores a reducir o suspender el ordeño.
El mayor impacto se concentró en los departamentos de La Unión, San Miguel, Morazán y Usulután, aunque también se reportaron dificultades en sectores de San Vicente y Cabañas.
La falta de pastos golpeó la producción de leche
Julio y agosto fueron los meses de mayor dificultad para los establecimientos ganaderos, con agosto como el período más crítico.
La falta de precipitaciones redujo la disponibilidad de pasturas, especialmente en las zonas que dependen de las lluvias para alimentar a sus animales.
Sin suficiente forraje, las vacas perdieron condición corporal y disminuyó su producción.
En algunos establecimientos, la situación fue tan complicada que los productores optaron por suspender temporalmente el ordeño para priorizar el mantenimiento de los animales.
La caída del 40% corresponde a una estimación del impacto durante la sequía, no a una medición oficial de la producción actual del país.
Rendón explicó que las explotaciones con sistemas de alimentación estabulada tenían mayores posibilidades de enfrentar la emergencia, aunque la duración del período seco superó las previsiones de muchos productores.
Ganaderos trasladaron animales para conseguir alimento
La escasez de pasturas también obligó a buscar alternativas fuera de las zonas afectadas.
Productores de La Unión, Morazán y San Miguel trasladaron animales hacia departamentos como Sonsonate y Chalatenango, donde las condiciones climáticas habían permitido conservar una mayor disponibilidad de forraje.
Otras explotaciones recurrieron a la compra de alimento para sostener sus rodeos.
La situación fue diferente en regiones que contaban con sistemas de riego o habían recibido mayores precipitaciones, como algunas áreas de La Paz, Cuscatlán y Santa Ana.
El problema más grave se concentró en los establecimientos dependientes de los pastizales naturales y de las lluvias estacionales.
El costo del forraje llegó a duplicarse
Además de reducir la producción de leche, la sequía provocó un fuerte aumento de los gastos de alimentación.
Según Rendón, una camionada de zacate verde que normalmente costaba entre US$450 y US$500 llegó a comercializarse por US$1.000 durante la emergencia.
El incremento representó una presión adicional para los productores, que necesitaban comprar alimento en un momento en que sus ingresos por venta de leche también habían disminuido.
El objetivo de esas compras no era aumentar la productividad, sino proporcionar alimento suficiente para mantener vivos y en condiciones aceptables a los animales.
La combinación de menor volumen de leche y mayores costos de alimentación deterioró la situación económica de los establecimientos afectados.
El dirigente señaló que algunos ganaderos tuvieron dificultades para sostener la totalidad de sus animales, incluso después de realizar gastos adicionales en forrajes.
Vendieron parte del ganado para mantener el resto
Ante la falta de recursos, algunos productores optaron por desprenderse de una parte de sus rodeos.
La venta de animales permitió reunir dinero para comprar alimento y sostener a las vacas que permanecían en las explotaciones.
Sin embargo, las condiciones de comercialización también fueron desfavorables.
Rendón explicó que animales cuyo valor habitual podía rondar los US$800 llegaron a venderse entre US$450 y US$500, debido a la pérdida de condición corporal y la necesidad urgente de conseguir dinero.
Las operaciones se realizaron en un contexto de dificultades económicas para pequeños y medianos ganaderos, que debieron priorizar la continuidad de sus establecimientos.
El dirigente señaló que algunos compradores de regiones menos afectadas aprovecharon la disponibilidad de animales a precios reducidos.
También hubo preocupación por la sanidad del ganado
Durante el período seco, Rendón mencionó la aparición de enfermedades que afectaron a los animales.
Entre ellas señaló casos de carbunco o ántrax y pierna negra, además de pérdidas de ganado que atribuyó a esos cuadros.
No obstante, las declaraciones no incluyen un balance sanitario oficial que permita cuantificar los animales afectados o confirmar el origen de cada muerte.
El dirigente insistió en la importancia de mantener los programas de vacunación y las medidas preventivas, especialmente durante períodos de dificultades alimentarias y condiciones climáticas adversas.
La sanidad animal constituye otro aspecto de preocupación para los productores, junto con la disponibilidad de agua y alimentos.
Las lluvias regresaron en septiembre
La situación climática comenzó a mejorar con el retorno de las precipitaciones en septiembre.
Según Rendón, los potreros recuperaron progresivamente su cobertura vegetal y el crecimiento de las pasturas.
Al momento de la entrevista, la zona oriental llevaba aproximadamente un mes y medio con lluvias.
Sin embargo, la recuperación de los pastos no permite establecer automáticamente cuánto se restableció la producción de leche ni si todos los establecimientos pudieron recomponer sus rodeos.
La cifra de 480.000 botellas diarias corresponde a la pérdida estimada durante los momentos más críticos de la sequía.
Para conocer el estado actual de la actividad serían necesarios nuevos datos de producción posteriores al regreso de las precipitaciones.
El desafío de prepararse para nuevas sequías
La emergencia dejó en evidencia la dependencia de numerosos establecimientos ganaderos de la disponibilidad estacional de pasturas.
Rendón planteó la necesidad de fortalecer la planificación alimentaria, especialmente mediante reservas de maíz, maicillo y zacate para los períodos secos.
También destacó la importancia de la prevención sanitaria y de anticipar las necesidades del rodeo antes de que se presenten condiciones climáticas desfavorables.
Para la producción lechera del oriente salvadoreño, la sequía no solo significó una reducción temporal del volumen ordeñado, sino también mayores costos y decisiones que afectaron la composición de los rodeos.
Aunque el regreso de las lluvias mejoró la disponibilidad de pastos, el impacto económico y productivo sobre las explotaciones continúa siendo un aspecto que requiere seguimiento.
Fuentes: Infobae
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