La necesidad de reinventarse fue el punto de partida. En 2007, la familia Monzoni comprendió que el tambo tradicional ya no alcanzaba para sostener el futuro de tres familias y decidió apostar por un sistema de producción completamente diferente. Casi dos décadas después, el establecimiento ubicado en Porteña, Córdoba, se convirtió en un ejemplo de cómo la intensificación puede aumentar la productividad y mejorar la competitividad de la lechería argentina.
Actualmente, Marcos y Fabio Monzoni manejan un establecimiento de 800 hectáreas con unas 620 vacas, de las cuales alrededor de 520 se encuentran en ordeño. Bajo un sistema dry lot, donde los animales permanecen confinados en corrales a cielo abierto y reciben una alimentación totalmente controlada, logran un promedio anual de 38 litros de leche por vaca por día, alcanzando picos de hasta 42 litros en los meses de mayor producción.
Del sistema pastoril a la intensificación
La transformación comenzó cuando el establecimiento original, de apenas 100 hectáreas y 120 vacas, dejó de ser económicamente viable.
Los productores comenzaron incorporando suplementación estratégica y genética de mayor calidad mediante semen sexado. Más tarde dieron el paso decisivo: abandonar el sistema pastoril tradicional para adoptar un modelo dry lot que les permitiera incrementar la producción por animal y optimizar el uso de la superficie disponible.
Alimentación de precisión y bienestar animal
En este sistema, las vacas no recorren los potreros buscando alimento. La ración llega diariamente a los comederos mediante mixers e incluye silaje de maíz, silaje de alfalfa, maíz propio, harina de soja, vitaminas, minerales, pellet de cártamo, semilla de algodón y subproductos de suero de leche.
La menor caminata reduce el gasto energético y permite destinar una mayor proporción de nutrientes a la producción de leche.
El bienestar animal también ocupa un lugar central. Los corrales cuentan con áreas de descanso, sombra, manejo permanente de efluentes y limpieza frecuente para reducir riesgos sanitarios como mastitis y enfermedades podales.
Más litros, mejores sólidos y genética
El establecimiento realiza tres ordeños diarios, una estrategia que permitió aumentar la producción alrededor de un 15% con un incremento relativamente bajo del consumo de alimento.
Al mismo tiempo, la empresa modificó sus objetivos genéticos. Hoy prioriza vacas de menor tamaño, más eficientes en el uso del alimento, con mayor vida útil, buena fertilidad y mejores sólidos lácteos, anticipándose a un mercado que cada vez remunera más por composición que por volumen de leche. La utilización de herramientas genómicas acelera ese proceso de selección.
Un modelo que también presenta desafíos
El sistema dry lot ofrece importantes ventajas productivas, aunque también exige una gestión mucho más precisa.
Las lluvias intensas pueden generar barro y aumentar el riesgo sanitario, mientras que la organización del personal se vuelve un factor determinante para mantener la eficiencia operativa. Por ese motivo, la empresa incluso incorporó programas de capacitación y coaching para fortalecer el trabajo en equipo.
La experiencia demuestra que la intensificación no depende únicamente de la infraestructura o la alimentación. La combinación entre manejo, genética, bienestar animal, eficiencia y gestión empresarial fue la que permitió que un tambo familiar pasara de un sistema con limitaciones económicas a un modelo altamente productivo, preparado para competir en una lechería donde la eficiencia será cada vez más determinante.
Fuente: La Nación
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