Conservar correctamente los quesos permite prolongar su vida útil y reducir el desperdicio de alimentos. Sin embargo, no todas las variedades responden de la misma manera al congelamiento. El contenido de humedad, la textura y el proceso de elaboración determinan si un queso puede almacenarse en el freezer sin afectar significativamente su calidad.
Los quesos que mejor resisten el congelamiento
Los quesos de pasta dura o semidura, con bajo contenido de humedad, suelen conservar mejor sus características cuando se congelan.
Entre ellos se destacan:
- Parmesano
- Cheddar
- Gouda
- Gruyere
- Provolone
- Quesos semiduros en trozos o rallados
En estos casos se recomienda fraccionarlos en porciones pequeñas, envolverlos correctamente y almacenarlos en bolsas o recipientes herméticos para evitar la pérdida de humedad y las quemaduras por congelación.
Quesos que pueden cambiar su textura
Algunas variedades frescas, como la ricota o el queso cottage, también pueden congelarse, aunque al descongelarse suelen presentar una textura más granulosa o húmeda. Por ese motivo son más recomendables para preparaciones cocidas que para consumir directamente.
Los quesos semiblandos también pueden almacenarse en el freezer, aunque es habitual que pierdan parte de su elasticidad y firmeza.
Los quesos que no conviene congelar
Las variedades con alto contenido de humedad y textura cremosa son las que peor toleran el congelamiento.
Entre ellas se encuentran:
- Brie
- Camembert
- Quesos de cabra frescos
- Quesos azules
- Quesos untables
En estos productos, la formación de cristales de hielo altera la estructura interna, provocando pérdida de cremosidad, cambios de textura e incluso modificaciones en el sabor.
Cómo congelar correctamente un queso
Para obtener mejores resultados se recomienda:
- Cortarlo en porciones pequeñas.
- Envolver cada pieza en papel para alimentos o film.
- Guardarlo dentro de bolsas herméticas o recipientes aptos para freezer.
- Descongelarlo lentamente en la heladera antes de consumirlo.
Cuándo desechar un queso
Independientemente del método de conservación, un queso no debe consumirse cuando presenta olor desagradable, cambios importantes de color, mohos no propios de la variedad o sabores anormales, ya que pueden indicar deterioro microbiológico.
Fuente: Diario Uno
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