La lechería de Santa Fe atraviesa una transformación que lleva años, pero que vuelve a encender las alarmas por la velocidad con la que desaparecen establecimientos. Según referentes de la Confederación de Asociaciones Rurales de Santa Fe (Carsfe), la provincia mantiene un ritmo equivalente al cierre de tres tambos cada dos días.
Las estadísticas oficiales muestran una reducción desde aproximadamente 3.300 establecimientos hasta alrededor de 3.000 en el último año. Sin embargo, desde el sector aclaran que una parte de esa diferencia responde a la depuración de registros Renspa correspondientes a productores que ya habían abandonado previamente la actividad.
Aun considerando esa situación, la estimación gremial indica que más de 200 tambos efectivamente cerraron durante esta etapa.
El fenómeno no necesariamente significa que se produzca menos leche. Por el contrario, expone un proceso que se viene profundizando: la producción se concentra progresivamente en una menor cantidad de establecimientos, mientras los de menor escala enfrentan mayores dificultades para continuar.
Precios estancados y costos que siguen aumentando
Uno de los principales problemas señalados por Carsfe es el deterioro de la ecuación económica.
De acuerdo con Pablo Riva, referente de la entidad, el precio recibido por el productor prácticamente no registró cambios durante el último año, mientras que los costos necesarios para producir leche continuaron aumentando.
La combinación reduce los márgenes y afecta particularmente a aquellos establecimientos que cuentan con menor escala para distribuir sus costos fijos.
Frente a esa situación, algunos productores optan por abandonar la actividad lechera y reconvertir sus establecimientos hacia la ganadería de carne, que actualmente ofrece una ecuación económica más favorable.
La infraestructura también condiciona a los productores
A la situación de precios y costos se agregan problemas estructurales que afectan especialmente a las zonas rurales.
Carsfe señala entre ellos el deterioro de caminos y rutas rurales y las deficiencias en el suministro eléctrico, dos factores particularmente sensibles para una actividad que requiere continuidad operativa durante todos los días del año.
La producción de leche necesita energía para el ordeño, refrigeración y conservación, mientras que la salida diaria del producto exige caminos transitables independientemente de las condiciones climáticas.
En establecimientos pequeños, estos inconvenientes pueden convertirse en costos adicionales difíciles de absorber.
Santa Fe y el peso de los pequeños productores
La estructura productiva santafesina aparece como otro factor central para comprender el impacto del proceso.
Según el diagnóstico presentado por Carsfe, más del 70% de los productores de la provincia se ubica en escalas de entre 2.500 y 3.000 litros diarios.
Esto diferencia parcialmente a Santa Fe de otras grandes provincias lecheras, como Córdoba y Buenos Aires, donde existe una mayor presencia de establecimientos de escala superior.
Por esa razón, un proceso de concentración puede tener consecuencias particularmente importantes en territorio santafesino, no solamente sobre la estructura productiva sino también sobre las comunidades rurales vinculadas a la actividad.
El relevo generacional se convierte en otro problema
La rentabilidad no es la única explicación detrás del cierre de establecimientos.
Carsfe también pone el foco sobre la falta de relevo generacional en numerosas explotaciones familiares.
La actividad exige trabajo durante los 365 días del año y durante décadas muchas familias alentaron a las nuevas generaciones a buscar otras alternativas profesionales y laborales.
El resultado comienza a hacerse visible: cuando llega el momento del retiro de quienes estuvieron históricamente al frente del establecimiento, en muchos casos no existe una nueva generación dispuesta a continuar produciendo leche.
La falta de sucesores se combina así con los problemas económicos y acelera la desaparición de unidades productivas.
Menos tambos no significa necesariamente menos leche
Uno de los aspectos más significativos del proceso es que el cierre sostenido de establecimientos no estuvo acompañado por una reducción equivalente de la producción nacional de leche.
Según el análisis planteado por Carsfe, los volúmenes producidos en Argentina no registraron caídas significativas durante los últimos 15 años.
Esto significa que la leche que deja de producir un establecimiento que abandona la actividad termina siendo compensada por otros que aumentan su escala, productividad o eficiencia.
El resultado es una estructura con menos unidades productivas pero con una mayor concentración del volumen.
¿Puede Argentina bajar hasta los 6.000 tambos?
La preocupación de las entidades rurales está puesta ahora en hasta dónde puede continuar el proceso.
Argentina cuenta actualmente con aproximadamente 8.000 a 9.000 establecimientos lecheros, según las estimaciones mencionadas por Carsfe, pero el sector advierte que esa cifra podría descender hasta alrededor de 6.000 tambos en el corto plazo si continúa la tendencia.
Para Santa Fe, el desafío tiene una dimensión adicional. La provincia conserva una fuerte presencia de pequeños y medianos productores y la desaparición de cada establecimiento también repercute sobre proveedores, comercios, servicios y localidades del interior.
Las entidades rurales mantienen conversaciones con los gobiernos provincial y nacional en busca de alternativas para mejorar las condiciones de la actividad.
El interrogante ya no pasa únicamente por cuánto puede producir la lechería argentina, sino por cuántos productores podrán seguir haciéndolo si continúa el proceso de concentración.
Fuente: Mi telefe
Ahora puedes leer las #noticias más importantes en los canales de #Whatsapp de #eDairyNews!!
🇦🇷 eDairy News ESPAÑOL: https://whatsapp.com/channel/0029VaPqM3eAu3aInae2Qt0V






