Cuando pensamos en innovación tecnológica, probablemente imaginamos un automóvil eléctrico, un teléfono inteligente o incluso un auto de Fórmula 1. Rara vez pensamos en una vaca.
Sin embargo, durante las últimas dos décadas, la producción lechera atravesó una transformación tecnológica tan profunda como la que experimentó la industria automotriz.
La diferencia es que la evolución de los autos ocurrió delante de nuestros ojos. La de la lechería, en cambio, avanzó principalmente puertas adentro de los establecimientos.
Sensores, automatización, sistemas digitales y análisis de datos forman parte actualmente de numerosos sistemas productivos. Más recientemente, la incorporación de inteligencia artificial abrió nuevas posibilidades para procesar la enorme cantidad de información generada diariamente.
El objetivo no es solamente producir más. Es utilizar esa información para tomar mejores decisiones, anticipar problemas, mejorar el bienestar animal, aumentar la eficiencia y reducir el impacto ambiental.
Una vaca que genera datos las 24 horas
La comparación con los automóviles ayuda a comprender el cambio.
Un vehículo moderno monitorea permanentemente su funcionamiento. Puede advertir una presión incorrecta en los neumáticos, detectar anomalías en el motor, indicar cuándo corresponde realizar un servicio o incluso intervenir ante una situación de riesgo.
Detrás de esas funciones existen sensores que generan y analizan información prácticamente en tiempo real.
En la producción lechera ocurre algo similar.
Collares, podómetros y caravanas inteligentes pueden monitorear a las vacas durante las 24 horas, registrando variables relacionadas con su actividad y comportamiento.
Si un animal reduce el tiempo de rumia, modifica sus movimientos o presenta otros cambios que pueden anticipar un problema sanitario, el sistema puede generar una alerta antes de que aparezcan síntomas clínicos evidentes.
Así como el automóvil intenta advertir una falla antes de que termine detenido en la ruta, estas tecnologías permiten al productor pasar de reaccionar frente al problema a intentar anticiparlo.
Tecnología desde la alimentación hasta el ordeño
La digitalización no termina en el monitoreo de los animales.
Los sistemas automatizados de alimentación permiten distribuir las raciones con mayor precisión, reducir desperdicios y mejorar la eficiencia con la que los alimentos se convierten en leche.
Durante el ordeño, distintos sensores pueden controlar parámetros de la leche y detectar alteraciones que permitan anticipar problemas como una mastitis.
La información meteorológica también puede integrarse al manejo cotidiano para prevenir situaciones de estrés por calor, una cuestión cada vez más relevante para la producción y el bienestar de los animales.
Incluso los efluentes están ingresando en una lógica diferente. En lugar de considerarlos únicamente un residuo, existen sistemas que permiten aprovecharlos como fertilizantes, agua reutilizada, biogás o incluso para generar electricidad.
De corregir problemas a prevenirlos
Ese cambio quizás sea uno de los principales puntos en común entre la industria automotriz y la producción lechera.
En ambos casos, el modelo está pasando de correctivo a preventivo.
La información permite detectar anomalías antes, utilizar mejor los recursos y tomar decisiones basadas en datos.
Pero existe una diferencia importante: mientras prácticamente cualquier consumidor conoce la tecnología incorporada a un automóvil moderno, gran parte de estos avances en la producción de leche permanecen fuera de la mirada de la sociedad.
La lechería cambió más rápido que su imagen
Ahí aparece uno de los grandes desafíos.
La lechería ha cambiado mucho más rápido que la imagen que la sociedad tiene de ella.
Buena parte de la opinión pública continúa asociando la producción ganadera con una actividad de elevado impacto ambiental. Reconocer los desafíos existentes no impide mostrar también los cambios que está realizando el sector.
La tecnología permite mejorar la eficiencia, utilizar los recursos con mayor precisión y avanzar hacia una menor huella ambiental por unidad producida.
Por eso, el desafío ya no es exclusivamente tecnológico. También es de comunicación.
El sector necesita explicar qué ocurre actualmente dentro de los establecimientos y mostrar que la producción de leche también está atravesando una transformación basada en datos, automatización e innovación.
Más proteína con menos impacto
La discusión tampoco pasa únicamente por producir más litros.
El desafío es producir proteína de alta calidad para una población mundial creciente y hacerlo con una huella ambiental cada vez menor.
La leche y sus derivados aportan proteínas de alto valor biológico, además de calcio, vitaminas y otros nutrientes. Mejorar la eficiencia con la que se producen esos alimentos se convierte, por lo tanto, en una parte central del desafío.
La sociedad conoce perfectamente cuánto cambió un automóvil durante los últimos veinte años.
Conoce mucho menos cuánto cambió una vaca —o, más precisamente, todo el sistema tecnológico que hoy puede acompañarla durante las 24 horas.
Tal vez por eso no resulte tan extraño imaginar algún día a Franco Colapinto ordeñando una vaca antes de correr un Gran Premio.
Podría parecer simplemente una buena campaña publicitaria.
Pero detrás de la imagen habría algo bastante más interesante: la Fórmula 1 y la lechería moderna ya hablan, cada vez más, el mismo idioma: sensores, datos, eficiencia y anticipación.
Fuente: Clarín
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