La historia de Nicolás Meneses Ardila comenzó lejos de la trayectoria habitual de muchas familias dedicadas durante generaciones a la producción de leche.
Economista de formación y sin experiencia previa en ganadería, en 2023 decidió poner nuevamente en producción La Bañadera, una finca ubicada en Guadalupe, Santander, que llevaba más de 15 años prácticamente abandonada y cuyos potreros solo se utilizaban ocasionalmente para el pastoreo de animales arrendados.
Tres años después, el establecimiento registra 16,5 litros de leche diarios por vaca, frente a los 8 a 10 litros con los que comenzó.
El salto productivo no llegó de una única inversión. Meneses construyó un sistema apoyado en cuatro pilares: alimentación, genética, capacitación y decisiones basadas en indicadores.
“Los datos de producción son la mejor herramienta para tomar decisiones. Lo que no se mide no se puede mejorar”, resume el joven productor.
Una finca abandonada convertida en empresa lechera
Cuando inició el proyecto, Meneses buscó aplicar al campo parte de la lógica que había adquirido durante sus estudios de Economía.
Su planteo fue considerar la producción ganadera como una empresa y, en consecuencia, comenzar a medir variables que permitieran saber qué funcionaba y qué debía corregirse.
La producción individual de leche, eficiencia reproductiva, carga animal, costos y rentabilidad comenzaron así a formar parte del seguimiento cotidiano.
La transformación administrativa fue acompañada por cambios productivos.
La finca cuenta con 20 hectáreas que originalmente estaban implantadas principalmente con pasto sabana. El productor comenzó progresivamente a sustituirlo por pasto estrella, buscando aumentar la disponibilidad y calidad nutricional del forraje.
Actualmente tiene ocho hectáreas establecidas y otras tres recientemente sembradas, mientras que todavía quedan nueve hectáreas por reemplazar.
La producción pasó de 8-10 a 16,5 litros
El resultado más visible aparece en el tanque.
Cuando comenzó el proyecto, las vacas producían entre 8 y 10 litros diarios en promedio. Actualmente el establecimiento registra 16,5 litros por vaca por día, prácticamente el doble del punto de partida.
El promedio del rodeo se encuentra en 112,6 días en leche.
Para Meneses, buena parte de la explicación está debajo de las vacas: el 80% de la mejora productiva observada estaría relacionado con una mejor alimentación.
“La genética, la suplementación y el manejo son importantes, pero la alimentación sigue siendo la base del sistema productivo”, sostiene.
La finca trabaja además con potreros de aproximadamente media hectárea, donde los animales permanecen alrededor de un día y medio antes de avanzar en la rotación.
El manejo permitió incrementar la capacidad de carga y aprovechar con mayor eficiencia el forraje disponible.
Más de 1.500 árboles integrados al sistema
El modelo también incorpora más de 1.500 árboles distribuidos dentro del sistema productivo.
La presencia de árboles busca combinar productividad con mejores condiciones ambientales y de bienestar para los animales, un factor especialmente relevante en sistemas lecheros desarrollados bajo condiciones tropicales.
La estrategia se complementa con el manejo de las pasturas y la planificación de las rotaciones.
En lugar de pensar solamente en aumentar la cantidad de animales, la propuesta apunta a obtener más leche a partir de un uso más eficiente de los recursos disponibles.
Genética Gyr, Holstein y la apuesta por A2A2
El segundo componente de la transformación está en la genética.
Meneses trabaja con animales provenientes de cruzamientos entre Gyr y Holstein, buscando combinar adaptación a las condiciones tropicales con capacidad productiva.
Pero ya piensa en la siguiente etapa.
El establecimiento está incorporando genética Jersey con el objetivo de desarrollar animales A2A2, una característica que pretende aprovechar en su futuro proyecto de procesamiento y diferenciación de la leche.
La idea es que la genética no solamente contribuya a mejorar los indicadores productivos, sino que permita preparar la materia prima para una futura estrategia de agregado de valor.
La reproducción también se mide
La eficiencia reproductiva es otro de los indicadores que sigue el establecimiento.
Actualmente, el 70% de las vacas logra quedar preñada antes de los 120 días de lactancia, según los datos presentados por el productor.
En el programa de inseminación más reciente, seis de siete vacas quedaron preñadas.
El seguimiento incluye ecografías, palpaciones e inseminación artificial con acompañamiento veterinario.
La lógica vuelve a ser la misma: medir para detectar desvíos y tomar decisiones antes de que los problemas terminen impactando sobre la productividad.
22 vacas en producción y una escala que todavía debe crecer
La Bañadera cuenta actualmente con 22 vacas en producción, 11 preñadas y ocho animales servidos.
Meneses considera que el establecimiento ya alcanza a cubrir sus costos operativos, aunque reconoce que todavía necesita crecer para alcanzar la escala que considera necesaria para consolidar la rentabilidad.
Su objetivo es llegar a entre 40 y 60 vacas en ordeño.
La expansión, sin embargo, no se plantea solamente en términos de cantidad de animales. La intención es conservar los indicadores alcanzados mientras aumenta la escala.
Ese punto será una de las pruebas centrales del modelo: trasladar la eficiencia conseguida con un rodeo relativamente pequeño a una estructura productiva mayor.
Capacitación para compensar la falta de experiencia
No provenir de una familia ganadera obligó al joven productor a construir conocimiento rápidamente.
Parte de su formación llegó a través de cursos del SENA, actividades de Fedegán, encuentros organizados por el Comité de Ganaderos de la Hoya del Río Suárez y el acompañamiento de profesionales vinculados a reproducción y manejo.
También incorporó podcasts, plataformas digitales y programas de actualización técnica como fuentes permanentes de información.
La capacitación se convirtió así en otro insumo productivo.
En un sistema donde cada decisión sobre alimentación, reproducción o genética puede impactar sobre los costos, el objetivo es reducir las decisiones tomadas exclusivamente por intuición.
El próximo paso: transformar la leche
La meta de Meneses para los próximos cinco años ya no se limita a producir más.
El proyecto apunta a consolidar el sistema actual y avanzar hacia la transformación de la leche en derivados con mayor valor agregado.
La incorporación de genética A2A2 forma parte de esa estrategia.
Antes de llegar a esa instancia, el establecimiento deberá aumentar su escala y demostrar que puede mantener los niveles de eficiencia alcanzados.
Pero el recorrido realizado desde 2023 ya muestra una transformación concreta: una finca que llevaba más de 15 años prácticamente abandonada pasó a producir 16,5 litros diarios por vaca mediante una combinación de mejores pasturas, genética, manejo reproductivo, capacitación y seguimiento de indicadores.
Y detrás de ese cambio aparece una idea que comienza a ganar terreno entre las nuevas generaciones de productores: administrar la producción de leche como una empresa en la que cada dato puede convertirse en una decisión.
Fuente: Contexto Ganadero
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