Desde enero de 2026, el comercio de productos lácteos entre Colombia y Estados Unidos quedó completamente liberalizado, sin cupos ni aranceles, y los primeros meses del año comenzaron a mostrar un fuerte crecimiento de las importaciones.
De acuerdo con los datos planteados por el sector ganadero, entre enero y mayo las compras externas de lácteos aumentaron 56,4% frente al mismo período de 2025.
El crecimiento adquiere especial relevancia en el intercambio con Estados Unidos. Hasta mayo habrían ingresado 18.820 toneladas de leche desde ese origen, frente a las 25.016 toneladas registradas durante todo 2025.
El escenario genera preocupación por su posible impacto sobre más de 300.000 productores de leche colombianos, en su mayoría pequeños productores campesinos.
El próximo desafío será la Unión Europea
La discusión no termina con Estados Unidos. En 2028 está prevista la desgravación total con la Unión Europea, lo que agrega un nuevo desafío competitivo para la cadena láctea colombiana.
Frente a este escenario, se plantea la necesidad de utilizar los instrumentos de defensa comercial disponibles y mantener una vigilancia sobre las reglas de origen aplicables a las importaciones provenientes de países como Chile y Bolivia.
El reclamo apunta también a conseguir una mayor reciprocidad comercial. Mientras los lácteos estadounidenses ya pueden ingresar a Colombia sin cupos ni aranceles, el sector ganadero colombiano considera prioritario conseguir finalmente la apertura del mercado estadounidense para la carne bovina del país.
Una oportunidad para reorganizar la ganadería
La apertura para la carne podría tener, además, consecuencias sobre la propia estructura de la producción de leche.
Una parte importante de la ganadería del Caribe colombiano funciona bajo sistemas de doble propósito, donde la misma vaca produce leche comercial y terneros destinados posteriormente a carne.
La propuesta plantea que mejores precios y oportunidades de exportación para los terneros podrían incentivar una mayor especialización hacia la producción cárnica.
En lugar de ordeñar parte de la leche de esas vacas, los productores podrían destinarla completamente a la crianza de los terneros. Según el planteo, animales que actualmente llegan al destete con alrededor de 160 kilos podrían alcanzar al menos 200 kilos, mejorando posteriormente sus posibilidades para las etapas de levante y ceba.
Más espacio para la lechería especializada
Ese cambio también podría abrir una oportunidad para las regiones colombianas dedicadas a la lechería especializada.
Si una parte de la producción del Caribe deja de destinarse al mercado de leche, los sistemas especializados del altiplano podrían ocupar ese espacio mediante mayor producción y acopio, contribuyendo al mismo tiempo a sustituir importaciones y eventualmente avanzar hacia mercados externos.
La propuesta se completa con incorporación de genética, buenas prácticas productivas y sostenibilidad ambiental.
El resultado sería una reorganización de la ganadería colombiana basada en una mayor especialización: las regiones con mejores condiciones para carne orientadas hacia ese mercado y las zonas de lechería especializada concentradas en producir leche de manera más competitiva.
En ese esquema, la apertura del mercado estadounidense a la carne bovina colombiana aparece como una pieza central para impulsar el cambio.
Porque, frente al nuevo escenario comercial que ya enfrenta la leche colombiana, el desafío dejó de ser solamente de largo plazo: también empieza a ser urgente.
Fuente: El Universal
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