Un estudio realizado en Europa con más de 38.000 adultos vinculó el bajo consumo de alimentos ricos en proteínas con mayores probabilidades de debilidad muscular y dificultades para realizar tareas cotidianas.
La investigación fue publicada en la revista científica Nutrients y utilizó datos de la Survey of Health, Ageing and Retirement in Europe (SHARE), que monitorea el estado de salud y envejecimiento de personas mayores de 50 años en 27 países europeos.
El análisis comparó hábitos alimentarios registrados entre 2019 y 2020 con cambios funcionales reportados entre 2021 y 2022. Los resultados mostraron que quienes integraban el 10% con menor frecuencia de consumo de alimentos proteicos presentaban un mayor riesgo de deterioro físico.
El estudio evaluó la frecuencia de consumo de tres grupos de alimentos: lácteos, legumbres y huevos, y carnes, pescados o aves. A partir de esa información, los investigadores construyeron un índice de ingesta proteica.
La función muscular se analizó mediante pruebas de fuerza de agarre manual y preguntas relacionadas con actividades diarias como caminar, subir escaleras, agacharse, alcanzar objetos, bañarse o realizar compras.
En los hombres, la asociación más marcada apareció en la pérdida de fuerza muscular. Aquellos de entre 50 y 65 años con menor consumo de alimentos proteicos presentaron un 39% más de probabilidades de registrar baja fuerza de agarre. En mayores de 66 años, el riesgo fue 35% superior.
En las mujeres, el impacto se reflejó principalmente en la movilidad y la autonomía. Las participantes con menor consumo de proteínas mostraron mayores dificultades para caminar, agacharse, alcanzar objetos o realizar compras.
Uno de los resultados más destacados fue la relación con la autonomía personal. Las mujeres de entre 50 y 65 años con baja ingesta proteica tuvieron más del doble de probabilidades de reportar dificultades para usar el baño.
Los autores aclararon que se trata de un estudio observacional, por lo que no permite establecer una relación causal directa. Sin embargo, remarcaron que el bajo consumo de proteínas podría actuar como un indicador asociado a otros factores de riesgo como sedentarismo, problemas de salud, depresión o limitaciones económicas.
La investigación también refuerza el debate sobre la importancia de asegurar una adecuada ingesta proteica durante el envejecimiento. Diversas guías internacionales recomiendan aumentar el consumo de proteínas en adultos mayores para preservar la masa muscular y la capacidad funcional.
En ese contexto, los productos lácteos continúan apareciendo entre las principales fuentes naturales de proteínas de alto valor biológico utilizadas para acompañar la nutrición y el mantenimiento muscular en adultos y adultos mayores.
Fuente: Infobae
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