La ganadería de doble propósito en las regiones periféricas de la Región Andina y el litoral norte se enfrenta a un escenario de vulnerabilidad sistémica que amenaza con desarticular el tramado socioeconómico primario.
De acuerdo con el último balance de campo emitido por la Asociación de Ganaderos de la Costa Norte (Asoganorte) a fines de mayo de 2026, la cuenca del Caribe colombiano —con especial gravedad en el departamento del Atlántico— atraviesa una crisis terminal. Esta situación está configurada por la confluencia de un déficit hídrico extremo asociado al fenómeno de El Niño, un encarecimiento vertical de la oferta forrajera suplementaria y un desplome en los precios de transferencia pagados por el eslabón comercializador.
La prolongación de las condiciones de verano sin precipitaciones en lo que va del primer semestre del año ha deprimido la disponibilidad de pasturas naturales, induciendo un cuadro de desnutrición severa en los rodeos comerciales. El diagnóstico gremial expone que el impacto no solo ha diezmado el volumen físico de los ordeños diarios, sino que ha arrastrado la condición corporal de los animales a niveles de subsistencia, comprometiendo de forma directa la ejecución de los calendarios sanitarios obligatorios nacionales y poniendo en riesgo el estatus zoosanitario de la región ante eventuales focos infecciosos.
Desbalances estructurales: Costos de suplementación e informalidad en el Atlántico
El análisis técnico de Asoganorte pone de relieve la asimetría que sufren los productores minifundistas, quienes representan el 80% de la masa ganadera del Caribe, ante un mercado de insumos desregulado y canales de compra informales:
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Derrumbe del valor en origen: El precio pagado al productor por el litro de leche en boca de finca experimentó una fuerte regresión en comparación con las variables de 2024, situándose actualmente en una franja crítica de $1.700 a $1.800 pesos colombianos.
El monopolio del “crucero” informal: El gremio atribuye esta depreciación a la falta de radicación de plantas de secado o pasteurizadoras formales y reguladas en el Atlántico. Al no existir un poder de compra institucionalizado, el tambero queda a merced de recolectores informales que fijan tarifas por debajo de los costos de equilibrio operativo.
Inalcanzabilidad del concentrado: El costo del alimento balanceado sustituto se disparó debido a la escasez de materias primas. La tonelada de salvado de trigo, que en la campaña previa cotizaba en $350.000 pesos, se comercializa hoy en el mercado interno a $600.000 pesos, un incremento del 71,4% que resulta prohibitivo para la economía campesina.
El freno al estatus sanitario: La crudeza de la sequía ha llevado a que una parte significativa del ganado Holando, Cebú y sus cruzas caiga a una calificación de 2 en la escala técnica de condición corporal (rango 1 al 5). Este estado de delgadez extrema e inmunosupresión impide la aplicación segura de las dosis del ciclo oficial de vacunación contra la fiebre aftosa, obligando a los productores a posponer la inmunización ante el temor de mermas o mortandad en animales debilitados.
La coyuntura del Caribe colombiano en este tramo de 2026 expone las profundas fallas estructurales que arrastran las cuencas extrapampeanas cuando el clima y la comercialización informal se alinean en contra del eslabón más débil. La alerta lanzada por Asoganorte excede lo estrictamente comercial: una cuenca donde los animales están demasiado débiles para ser vacunados contra la aftosa representa un riesgo latente para todo el bloque exportador nacional. De confirmarse las proyecciones del Ideam sobre la extensión de la sequía de El Niño, la supervivencia de los pequeños tamberos del Atlántico no dependerá de las leyes de oferta y demanda, sino de la urgencia con la que se articulen subsidios forrajeros estatales y programas de formalización del precio lácteo en origen.
Fuente: La FM
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