Durante años, el ternero macho Holando ocupó un lugar secundario dentro de la economía de los establecimientos lecheros. Mientras las hembras eran destinadas a la reposición, los machos tenían escaso valor y muchas veces atravesaban sistemas de recría prolongados y poco eficientes.
Ese escenario empieza a cambiar. El Feedlot Cooperativo de Uncoga, ubicado en Humboldt, Santa Fe, trabaja sobre un modelo que busca agregar valor al ternero desde su nacimiento y convertirlo en una alternativa concreta para la producción de carne.
El médico veterinario Oscar Ferrero, asesor técnico del proyecto, sostiene que el objetivo no consiste simplemente en engordar animales, sino en construir calidad desde el origen.
“Hay que darle un valor agregado a ese ternero Holando que hace 10, 15 años atrás lo matábamos”, explicó.
El negocio empieza desde el nacimiento
Uno de los principales cambios que propone el sistema es considerar al macho Holando como un animal productivo desde sus primeros días.
La genética, la condición corporal de la madre, la sanidad y la alimentación inicial condicionan el resultado posterior.
Ferrero remarca especialmente la necesidad de dar al macho el mismo cuidado que recibe la hembra durante la crianza, evitando que comience su desarrollo con deficiencias difíciles de recuperar posteriormente.
La genética también adquiere importancia porque puede influir sobre la eficiencia de conversión y el desarrollo de grasa intramuscular o marbling, uno de los atributos buscados para mejorar la calidad de la carne.
Entre 180 y 200 kilos para ingresar al feedlot
Otro punto determinante es el momento en que el animal deja el establecimiento lechero y pasa al sistema de engorde.
Ferrero considera aconsejable un peso de entre 150 y 200 kilos, aunque en el Feedlot Cooperativo los animales ingresan generalmente con 180 a 200 kilos.
El objetivo es evitar una recría prolongada dentro del corral.
Una vez ingresados, atraviesan aproximadamente 15 a 20 días de adaptación al nuevo ambiente y a la alimentación. Después comienza directamente la etapa de terminación.
La meta es alcanzar animales de alrededor de 380 a 400 kilos, con una terminación que permita mejorar su posicionamiento comercial.
Un novillo de 400 kilos a los 12 o 14 meses
El esquema representa un cambio importante respecto del modelo tradicional de producción del novillo Holando.
Ferrero recuerda sistemas en los que los animales atravesaban recrías deficientes y llegaban a pesos cercanos a los 550 kilos recién a los cuatro o cinco años de edad.
La propuesta actual apunta en otra dirección: producir animales jóvenes, terminados y con mejor calidad de carne.
El objetivo es obtener un novillo gordo de aproximadamente 400 kilos entre los 12 y 14 meses, reduciendo los tiempos y buscando preservar características como terneza y jugosidad.
Mejorar la carne del Holando
La raza presenta algunas características que pueden resultar atractivas para el mercado, como una grasa más blanca y una carne de tonalidad más rosada que la de determinados animales mestizos.
Sin embargo, históricamente también mostró dificultades vinculadas con una cobertura de grasa menos uniforme y bajos niveles de grasa intramuscular.
Para modificar esas características, el trabajo de Uncoga pone especial atención sobre la nutrición.
Entre las herramientas utilizadas aparece la incorporación de grasa bypass, con la que se busca mejorar la cobertura, aumentar la participación de carne y favorecer el marbling.
La lógica es que el negocio no dependa exclusivamente de sumar kilos, sino de producir un animal con atributos que permitan defender mejor su valor comercial.
El potencial de los cruzamientos
La estrategia podría ampliarse mediante el cruzamiento de Holando con razas específicamente carniceras.
El objetivo sería combinar determinadas características de la raza lechera con atributos vinculados a una mayor producción y calidad de carne.
Para Ferrero, este camino también podría mejorar las posibilidades de colocar el producto en los mercados internacionales.
“Yo creo que la necesidad de carne a nivel mundial nos obliga a pensar que todo se puede exportar”, sostuvo.
El especialista considera incluso que el interrogante de los próximos años podría estar menos relacionado con encontrar compradores y más con la disponibilidad de suficiente materia prima de calidad.
Una tercera fuente de ingresos
El cambio productivo tiene además una lectura económica para los establecimientos lecheros.
Ferrero identifica tres fuentes potenciales de ingresos: la leche, la vaca de descarte y el valor que puede generarse a partir del ternero macho.
Según señaló, un ternero de invernada puede alcanzar actualmente valores cercanos a $900.000 o $1 millón, una referencia que modifica significativamente la mirada sobre estos animales.
El macho Holando deja así de ser considerado un subproducto de escaso valor para convertirse en una potencial unidad de producción de carne.
Integrar leche y carne desde el origen
El modelo muestra que el resultado depende de integrar diferentes decisiones: genética, manejo de la crianza, sanidad, alimentación, peso de ingreso, adaptación, terminación y eventualmente cruzamientos.
Para los establecimientos lecheros, el desafío consiste en incorporar esa lógica desde el nacimiento del animal.
La oportunidad es transformar un recurso históricamente subvalorado en una nueva fuente de ingresos para la lechería, al mismo tiempo que se amplía la oferta de carne con animales jóvenes y terminados en ciclos más cortos.
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