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25 Oct 2026
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25 Oct 2026
En los páramos de Cayambe, mujeres rurales sostienen la producción lechera entre largas jornadas, sequía y precios que pueden variar hasta el doble.
Ecuador producir leche desde las 330 de la mañana por 25 centavos el litro

En La Chimba, una comunidad rural de Cayambe, Ecuador, la jornada lechera comienza cuando todavía es de noche. Desde las 3:30 de la madrugada, las mujeres se preparan para subir a los páramos, atender a sus animales y realizar el ordeño, una actividad de la que depende parte de la economía de sus familias.

El trabajo exige caminatas que pueden extenderse durante una hora para llegar hasta donde se encuentra el ganado. A esa rutina se suman las dificultades provocadas por la sequía, que afecta la disponibilidad de pasturas y reduce la cantidad de leche obtenida.

Pero el esfuerzo no siempre se refleja en el precio. Según los testimonios recogidos por el diario ecuatoriano EXTRA, el litro de leche puede pagarse a apenas 25 centavos de dólar, mientras que algunos centros de acopio ofrecen alrededor de 50 centavos.

La producción de leche comienza antes del amanecer

En esta zona de los Andes ecuatorianos, el ordeño forma parte de una rutina que se repite todos los días.

Las productoras deben trasladarse hasta los lugares donde pastorean sus animales, alimentarlos, cuidarlos y recoger la leche tanto por la mañana como por la tarde.

La relación con el ganado también forma parte de la vida cotidiana. Algunas vacas tienen nombres vinculados con la fecha de su nacimiento, una costumbre que refleja el conocimiento cercano que las familias tienen de sus animales.

La actividad requiere dedicación permanente, independientemente de las condiciones climáticas o de los precios que reciban por la producción.

Para numerosas familias rurales, la leche representa una fuente de ingresos que se complementa con la agricultura y otras actividades del campo.

La sequía reduce la producción de 18 a 11 litros por vaca

La disponibilidad de alimento es uno de los principales factores que condicionan el rendimiento lechero en los páramos.

Según el testimonio de un productor de La Chimba, sus vacas, que pueden alcanzar producciones de 18 litros diarios, actualmente están dando alrededor de 11 litros debido a la sequía y la menor disponibilidad de hierba.

Esto representa una disminución cercana al 39% respecto del rendimiento mencionado para condiciones más favorables.

La reducción afecta directamente el volumen que las familias pueden comercializar, mientras las tareas de cuidado y ordeño deben continuar.

El problema también pone de manifiesto la dependencia de estos sistemas productivos respecto de las condiciones climáticas y la disponibilidad de pasturas.

Aunque los datos corresponden a la experiencia relatada en esta comunidad, muestran las dificultades que pueden enfrentar los pequeños establecimientos lecheros cuando disminuye la oferta de alimento para los animales.

Precios que pueden variar hasta el doble

A las dificultades productivas se suma la incertidumbre comercial.

Las mujeres consultadas señalaron que, en determinadas ocasiones, reciben US$0,25 por litro de leche, mientras que otros compradores o centros de acopio llegan a pagar alrededor de US$0,50.

La diferencia resulta importante para familias cuya actividad depende de pequeños volúmenes de producción.

Además, los gastos vinculados con el mantenimiento del ganado, la alimentación y el trabajo cotidiano continúan incluso cuando disminuye la cantidad de leche obtenida.

La información publicada no precisa las condiciones comerciales ni los criterios que explican esa diferencia entre los precios mencionados.

Por eso, los valores deben interpretarse como referencias aportadas por productores de La Chimba y no como un promedio representativo de toda la lechería ecuatoriana.

Mujeres que combinan el tambo con la agricultura

La producción de leche no es la única actividad de las mujeres rurales de esta comunidad.

Muchas también trabajan en pequeñas huertas familiares, donde cultivan alimentos destinados al consumo del hogar y a la comercialización.

Una de esas experiencias es la de Nancy Alba y su madre, quienes desde hace casi dos años desarrollan una huerta en la que utilizan preparados naturales para el manejo de los cultivos.

El proyecto comenzó después de participar en capacitaciones de la organización Maquita, que les permitió incorporar nuevas herramientas para la producción agrícola.

Entre las prácticas que utilizan figura la elaboración de biol, un abono líquido orgánico destinado a aportar nutrientes a las plantas.

Aunque ya venden parte de sus productos, las emprendedoras consideran que necesitan mayor capacitación y nuevas oportunidades comerciales para ampliar su actividad.

El trabajo comunitario también sostiene la actividad

En La Chimba, las tareas productivas están acompañadas por formas de organización y colaboración entre las familias.

Las mujeres mantienen redes de apoyo, intercambian conocimientos y participan en actividades vinculadas con la producción de alimentos.

La comunidad también cuenta con mecanismos de vigilancia para proteger al ganado, una tarea importante en zonas donde los animales permanecen alejados de las viviendas.

La continuidad de estas actividades depende tanto del trabajo familiar como de la organización comunitaria, especialmente frente a dificultades climáticas y económicas.

Los conocimientos transmitidos entre generaciones siguen teniendo un papel importante en el manejo de los animales, la agricultura y la vida rural.

El desafío de sostener la lechería familiar

La experiencia de La Chimba permite observar una realidad de la producción láctea que muchas veces queda fuera de los grandes indicadores del sector.

Detrás de cada litro de leche hay horas de trabajo, recorridos hasta los lugares de pastoreo y familias que dependen de los ingresos generados por sus animales.

En esta comunidad ecuatoriana, la sequía, la caída del rendimiento por vaca y las diferencias en los precios de compra condicionan las posibilidades económicas de quienes viven de la actividad.

La situación también muestra la importancia del trabajo de las mujeres rurales, que combinan el cuidado del ganado con la agricultura y otras responsabilidades familiares.

Para estas productoras, sostener la lechería significa mucho más que obtener leche: implica mantener una fuente de ingresos y una actividad vinculada con la vida de sus comunidades.

Fuente: Diario EXTRA

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