Una masiva movilización ciudadana y sindical paralizó el municipio de Santa María de Cayón (Cantabria), donde más de 2.500 personas se manifestaron en rechazo frontal al Expediente de Regulación de Empleo (ERE) promovido por la corporación suiza Nestlé para sus filiales en España.
La marcha, que se desplazó desde las instalaciones del campo de fútbol de Sarón hasta las puertas del complejo industrial, apunta a revertir el plan de despidos colectivos que, en el caso específico de la histórica factoría de La Penilla de Cayón, prevé la rescisión de 49 contratos de trabajo. Este conflicto en el norte español no opera de forma aislada, sino que se inscribe en un programa de ajuste estructural más amplio de la compañía que ya ha detonado protestas similares en los centros de producción de Reus y Girona, afectando allí a otros 178 operarios.
Escalada de medidas de fuerza y el horizonte de la huelga general
El comité de empresa de La Penilla, respaldado por la comunidad local y las organizaciones sindicales, ha diseñado un cronograma de presión progresiva para forzar a la dirección de Nestlé a abrir canales de negociación que prioricen prejubilaciones, traslados o bajas voluntarias no traumáticas. La hoja de ruta gremial contempla los siguientes hitos:
Implementación de ceses parciales de actividades de dos horas por turno durante la tercera semana de mayo para medir la adhesión del personal.
Convocatoria a nuevos paros parciales en coincidencia con la quinta y sexta mesa formal de negociación del ERE entre sindicatos y ejecutivos corporativos.
Fecha límite fijada por las centrales obreras para iniciar un paro general por tiempo indeterminado en caso de no alcanzar un acuerdo de mitigación de despidos.
Contexto global: Optimización y competitividad en las plantas de secado y empaque
Los procesos de optimización de plantillas en las plantas de procesamiento lácteo y de alimentos de Europa occidental responden a un fenómeno de centralización de plataformas de manufactura y automatización de líneas de empaque. El desafío para el sector primario y las economías rurales radica en que las fábricas tradicionales —como La Penilla— actúan habitualmente como compradores de referencia o anclas de las cuencas lecheras locales.
Cualquier contracción en la capacidad operativa o el cierre de líneas específicas no solo vulnera la estabilidad de las familias de los trabajadores industriales, sino que altera los contratos de suministro de leche fluida de las explotaciones agrarias circundantes, tensionando aún más el equilibrio de la cadena de valor láctea regional en un mercado europeo cada vez más competitivo y exigente.
Fuente: Capital
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