Mientras buena parte de la industria láctea argentina enfrenta un escenario complejo, con consumo interno en baja, costos presionados y márgenes cada vez más ajustados, algunas empresas logran encontrar oportunidades donde el mercado parece mostrar solo dificultades.
Ese es el caso de Wapi, una firma familiar que nació en 1999 y que hoy busca dar un salto estratégico: pasar del segmento de quesos finos a una categoría con potencial masivo, impulsada por la tendencia global de alimentos naturales, funcionales y ricos en proteínas.
La apuesta fuerte de la compañía es el queso cottage, un producto que vuelve a ganar protagonismo en el mundo y que en Argentina prácticamente había desaparecido de las góndolas durante décadas.
Un queso que vuelve después de casi 50 años
El queso cottage no es nuevo, pero sí vuelve en un contexto completamente diferente. En mercados como Estados Unidos y Europa es un alimento de consumo cotidiano, asociado a dietas saludables, alto contenido proteico y preparaciones simples.
En Argentina, en cambio, la categoría había quedado relegada. La marca Mendinet lo comercializó masivamente hasta fines de los años setenta, pero luego el producto desapareció del mercado local.
Casi medio siglo después, Wapi decidió reintroducirlo formalmente con una lectura clara del nuevo consumidor: más informado, más atento a la nutrición y más dispuesto a elegir alimentos que combinen salud, practicidad y sabor.
“Hay un consumidor que viene buscando alimentos más naturales y funcionales; esta es una categoría que nos está abriendo la puerta a hábitos de consumo masivos”, señalaron desde la empresa.
Proteínas, bajo contenido graso y consumo práctico
El nuevo cottage de Wapi se elabora a partir de leche descremada pasteurizada, cuajo natural y fermentos lácticos. Es un queso fresco, de textura suave, sin sal agregada, bajo en grasas y con un perfil nutricional que lo vuelve atractivo para quienes buscan incorporar más proteínas a su dieta.
Cada envase de 340 gramos aporta 46 gramos de proteína, un dato clave en un mercado donde las declaraciones nutricionales pesan cada vez más en la decisión de compra.
Su proceso de elaboración incluye coagulación de la leche, separación del suero y lavado de la cuajada con agua fría. Esa técnica le otorga un sabor limpio y neutro, lo que permite usarlo tanto en preparaciones dulces como saladas.
Además, el producto no contiene conservantes ni aditivos destinados a extender artificialmente su vida útil. Refrigerado, alcanza una duración de 20 días.
De producto gourmet a alimento de ocasión múltiple
Uno de los puntos fuertes del cottage es su versatilidad. Puede consumirse en desayunos, meriendas, almuerzos livianos o preparaciones saladas.
Funciona en un bowl con frutas y granola, sobre una tostada con palta y semillas, en ensaladas, como relleno de omelettes o como base para dips. Esa capacidad de adaptarse a distintos momentos del día lo convierte en lo que la industria define como un alimento de “ocasión múltiple”.
Para Wapi, este atributo es clave. La empresa ya está consolidada en quesos finos como burrata, brie y camembert, pero ahora busca avanzar hacia una categoría de mayor volumen, con llegada a consumidores que no necesariamente compran productos gourmet.
El cottage se presenta en frasco de vidrio de 340 gramos, con un precio de $15.900. Actualmente está disponible en Jumbo y Disco, y la marca prevé sumar próximamente a Coto y Carrefour, además de su tienda online.
Una demanda que superó las expectativas
El relanzamiento del queso cottage tuvo una respuesta rápida. En apenas un mes y medio, la demanda superó las previsiones iniciales de la empresa.
Por eso, Wapi proyecta aumentar un 50% la producción en su planta de Lincoln, provincia de Buenos Aires. Allí se elabora el producto mediante un proceso que demanda 18 horas de tina, un plazo extenso para la industria y que refleja la complejidad técnica del queso.
La apuesta no es menor: implica sostener estándares artesanales, pero al mismo tiempo ganar escala en una categoría que podría abrir una nueva etapa para la compañía.
La historia de una reconversión
Wapi nació en 1999 en San Juan con un perfil muy distinto al actual. En sus primeros años, su negocio principal fue la exportación de quesos de cabra a Estados Unidos, bajo las marcas Smiling Goat y La Fe.
La empresa contaba con cabras lecheras importadas de Australia y Nueva Zelanda, tambo propio y planta de elaboración. Llegó a exportar cerca de 30 toneladas anuales, mientras que en el mercado local vendía alrededor de 10 toneladas.
Pero entre 2008 y 2009, las restricciones a las exportaciones obligaron a la firma a replantear su modelo. En lugar de detenerse, la familia García Belmonte decidió enfocarse en el mercado interno y desarrollar productos elaborados con leche de vaca, más cercanos a los hábitos de consumo argentinos.
“La transición al mercado interno no fue una retirada, sino una oportunidad estratégica. Detectamos un consumidor en evolución y un espacio vacío en quesos especiales. Más que competir, decidimos construir una categoría donde prácticamente no existía”, explicó Fernando García Belmonte a iProfesional.
La respuesta fue contundente: a los tres meses del lanzamiento de sus primeros bries y camemberts, el volumen vendido ya triplicaba toda la estructura de producción de cabra que habían desarrollado durante una década.
Tres plantas, 40 productos y una nueva etapa
Hoy, casi el 90% de las ventas de Wapi corresponde a productos elaborados con leche de vaca. La empresa opera tres plantas, ubicadas en San Juan, Lincoln y Villa María, provincia de Córdoba.
Cuenta con unos 35 trabajadores directos, factura alrededor de $1.000 millones mensuales y posee una cartera de más de 40 productos.
Su portfolio incluye fior di latte, burrata, bocconcino, pulpeta, trenza, brie, camembert, capricho, provoleta, parmesano, reggianito y variedades de leche de cabra como feta y chevrotin.
Esa diversidad le permitió consolidarse como referente del segmento premium, con presencia tanto en el canal gastronómico como en cadenas de supermercados.
El cottage como puente hacia el consumo masivo
Para Wapi, el queso cottage no es solo un nuevo producto. Es una señal del rumbo que busca tomar la empresa: salir del nicho de especialidad y avanzar hacia categorías de mayor volumen.
Según datos de Nielsen citados por la compañía, el segmento de quesos especiales representa apenas el 2% del mercado total de quesos en Argentina. Por eso, el desafío está en crecer más allá del público gourmet.
El cottage aparece como una puerta de entrada a ese objetivo. Su perfil saludable, su alto contenido proteico y su uso cotidiano lo ubican dentro de una tendencia que gana fuerza en todo el mundo.
“Vemos un consumidor cada vez más enfocado en alimentos naturales, funcionales y con beneficios claros. El cottage encaja perfectamente en esa tendencia. Creemos que el mercado va hacia productos que combinan placer y funcionalidad, y ahí hay una gran oportunidad de crecimiento”, afirmaron desde Wapi.
En una industria láctea donde muchas empresas luchan por sostenerse, la estrategia de Wapi muestra que todavía hay espacio para crecer cuando se combinan innovación, lectura del consumidor y valor agregado.
Una categoría que tardó casi 50 años en volver al mercado argentino hoy aparece como una oportunidad concreta para renovar la góndola láctea y conectar con un consumidor que busca más proteínas, practicidad y productos con beneficios claros.
Fuente: iProfesional.
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