El yogur entero recupera terreno tras años bajo el estigma de las grasas
Durante décadas, los productos light y descremados ocuparon un lugar privilegiado entre quienes buscaban cuidar el peso y llevar una alimentación considerada más saludable. La grasa, especialmente la saturada, quedó bajo sospecha y el yogur entero fue uno de los alimentos alcanzados por esa tendencia.
Sin embargo, la evidencia científica acumulada durante los últimos años comenzó a modificar esa mirada. Distintas investigaciones vienen asociando el consumo de yogur con efectos favorables sobre el peso corporal y, particularmente, con una menor acumulación de grasa abdominal.
Rodrigo Valenzuela, profesor e investigador de la Universidad de Chile e integrante del Comité Científico de Lácteos del programa Gracias a la Leche del Consorcio Lechero, sostiene que este cambio no es reciente.
“Hace ya bastante rato, por lo menos unos diez años, se viene estableciendo que el consumo de yogur tiene efectos protectores en términos de no tener ganancia de peso como grasa”, explicó.
El alimento completo, más allá de la grasa
Para el especialista, uno de los puntos centrales es dejar de analizar al yogur únicamente por su contenido de grasa y observar el efecto del alimento en su conjunto.
Proteínas, grasa y fermentación conforman una combinación que podría explicar parte de los resultados observados en los estudios.
“Hoy día sabemos con mucha certeza que los componentes del yogur, la proteína, la grasa y el ser un lácteo fermentado, hacen que se acumule menos grasa en el abdomen. Eso es súper importante”, señaló Valenzuela.
Entre los antecedentes mencionados por el investigador aparecen estudios que encontraron una reducción de hasta 63% en el riesgo de obesidad abdominal asociada al consumo de yogur. Este efecto se analiza mediante indicadores como la circunferencia de cintura, utilizada para evaluar la acumulación de grasa en la zona abdominal.
Los beneficios vinculados al consumo de lácteos se observan en diferentes edades, aunque Valenzuela señala que pueden ser más marcados durante la infancia debido al mayor metabolismo energético de los niños.
Además, investigaciones internacionales han relacionado el consumo de yogur con un menor riesgo de desarrollar determinadas enfermedades crónicas no transmisibles y cáncer de colon.
¿Se termina el miedo a los lácteos enteros?
La discusión sobre el yogur forma parte de una revisión más amplia sobre el papel de las grasas en la alimentación.
Durante años, reducirlas fue una de las principales recomendaciones nutricionales y esa tendencia impulsó el crecimiento de una amplia oferta de alimentos descremados y light.
“Durante mucho tiempo hubo un estigma muy grande hacia la grasa”, recordó Valenzuela.
Esto no significa, aclaró, que los lácteos descremados sean perjudiciales. Lo que está cambiando es la evidencia disponible sobre los productos enteros.
“No es que haga mal, sino que los efectos positivos los estamos viendo con los lácteos enteros”, afirmó.
Natural y sin azúcar añadida
A la hora de elegir un yogur, el investigador propone prestar menos atención a la cantidad de grasa y observar con mayor detenimiento otros componentes, principalmente el azúcar añadido y los aditivos.
En línea con las Guías Alimentarias para Chile, que recomiendan consumir lácteos durante todas las etapas de la vida y contemplan tres porciones diarias, Valenzuela destacó especialmente al yogur natural.
“El efecto es del alimento per se y, sobre todo, en el yogur natural, el que está sin azúcar añadida, es donde se observan los mejores efectos”, explicó.
Una porción de yogur equivale aproximadamente a 125 gramos y puede combinarse con fruta para completar su aporte nutricional.
“El lema debiera ser: come yogur y, si es natural, mejor. Y si es con fruta, excelente”, resumió.
De contar calorías a mirar la calidad de la dieta
El cambio de perspectiva también alcanza a una discusión más amplia: no todas las dietas con una cantidad similar de calorías tienen la misma calidad nutricional.
Para Valenzuela, uno de los problemas actuales es precisamente que muchas personas alcanzan o incluso superan sus necesidades energéticas mediante alimentos de baja calidad nutricional.
“Lo que estamos viendo en el mundo es que las personas están consumiendo calorías, pero de mala calidad”, advirtió.
El investigador lo sintetiza con una frase: “Mucha dona, poco yogur”.
En ese contexto, propone dejar de evaluar los alimentos únicamente por las calorías o por nutrientes aislados y recuperar una mirada integral sobre la dieta.
“Es súper importante recalcar y desarrollar el concepto de calidad de la dieta. Consumir lácteos en la dieta mejora su calidad”, concluyó.
La evidencia que está surgiendo no convierte al yogur entero en un alimento que pueda consumirse sin considerar el resto de la alimentación, pero sí pone en discusión una idea instalada durante décadas: que quitar la grasa de los lácteos necesariamente los convierte en una opción más saludable.
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