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18 Ago 2026
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La falta de lluvias y las altas temperaturas afectan al maíz forrajero y los pastos en Galicia. En las parcelas más castigadas, la cosecha podría caer hasta un 60%, mientras el estrés térmico ya reduce la producción de leche y eleva los gastos de las explotaciones.
La sequía golpea a la lechería gallega: menos maíz, menos leche y más costos

La sequía y las altas temperaturas están comenzando a impactar de lleno sobre las explotaciones lecheras de Galicia. La falta de agua afecta a los cultivos destinados a la alimentación del ganado, reduce la disponibilidad de pasto y también empieza a reflejarse en la producción de leche.

El escenario resulta especialmente complejo porque llega después de un invierno muy lluvioso. Sin embargo, la ausencia de precipitaciones durante el verano y las elevadas temperaturas provocaron una situación que desde Unións Agrarias califican como una “sequía agronómica” que podría ser la peor de las últimas tres décadas.

El principal foco de preocupación está puesto en el maíz forrajero, uno de los componentes fundamentales de la alimentación de las vacas lecheras.

Hasta 60% menos de maíz

Galicia cuenta con alrededor de 75.000 hectáreas destinadas al cultivo de maíz forrajero, pero en numerosas parcelas las plantas no lograron desarrollarse normalmente por la falta de agua.

Jacobo Feijoo, responsable de Desarrollo Rural de Unións Agrarias, advirtió que el cultivo recibió menos agua de la necesaria y que, además de una menor producción, también se observa un deterioro de su calidad.

En las parcelas más afectadas, las pérdidas de cosecha podrían alcanzar hasta el 60%, mientras que incluso en algunas de las mejor conservadas se espera recoger aproximadamente la mitad de lo habitual.

El problema no pasa solamente por la cantidad. El maíz presenta menos grano, menor contenido de almidón y espigas de peor calidad, lo que reduce su valor como alimento para el ganado.

A esta altura de la campaña, las posibilidades de recuperación son limitadas. Según Feijoo, incluso una llegada inmediata de lluvias tendría poco efecto sobre buena parte de los cultivos ya afectados.

Perder la cosecha y después comprar alimento

La reducción del maíz propio tendrá un impacto directo sobre los costos de producción de las explotaciones.

Producir una hectárea demanda entre 1.200 y 1.500 euros, mientras que las pérdidas podrían rondar los 500 euros por hectárea en algunos establecimientos.

A ese perjuicio se suma otro problema: las granjas que no consigan producir suficiente forraje deberán salir posteriormente a comprar alimento para atravesar el invierno.

En algunas explotaciones ya comenzaron a administrar las reservas disponibles, reduciendo la cantidad de forraje suministrada actualmente para intentar garantizar existencias durante los próximos meses.

La compra de pienso aparece como una de las alternativas, aunque representa uno de los principales componentes del costo de una explotación lechera.

El calor también reduce la producción de leche

La sequía no es el único factor que está afectando a las granjas gallegas. Las altas temperaturas generan estrés térmico en las vacas, con consecuencias directas sobre su bienestar y capacidad productiva.

Algunos productores estiman que el calor ya provocó reducciones cercanas al 10% en la producción de leche.

Sin sistemas adecuados de ventilación y refrigeración, las pérdidas podrían llegar incluso al 20%, según los testimonios recogidos entre productores.

Para intentar evitar esas caídas, las explotaciones deben utilizar con mayor intensidad ventiladores y otros equipos de refrigeración, lo que genera a su vez un aumento del consumo eléctrico.

De esta manera, el impacto se produce por dos vías: cae la cantidad de leche obtenida y simultáneamente aumentan los gastos necesarios para mantener el confort de los animales.

Pastos secos y problemas con el agua

Las dificultades también alcanzan a los prados. La falta de precipitaciones redujo la disponibilidad de pasto y algunas explotaciones comienzan incluso a registrar problemas para garantizar el abastecimiento de agua para los animales.

Productores de distintas zonas aseguran que fuentes que tradicionalmente mantenían agua durante todo el año comenzaron a secarse, una señal que incrementa la preocupación sobre la duración del episodio.

La combinación deja a las explotaciones frente a un escenario de menor producción propia de alimento, necesidad de comprar más pienso, mayores gastos de electricidad y menor producción de leche.

Un invierno que también preocupa

El impacto de la sequía podría extenderse más allá del verano.

Una cosecha de maíz reducida significa disponer de menos reservas para alimentar al ganado durante el invierno, por lo que las decisiones que están tomando ahora las explotaciones buscan también anticiparse a los próximos meses.

La evolución de las lluvias será determinante, aunque para buena parte del maíz forrajero el daño ya estaría hecho.

Después de un invierno caracterizado por la abundancia de agua, la lechería gallega enfrenta ahora el escenario contrario: menos forraje, menor producción de leche y mayores costos para sostener las explotaciones.

Fuente: TeleCinco

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